Se estrena el 18 de enero en los cines españoles la última película del genio detrás de cintas de culto como ‘Reservoir dogs’ (1992) y ‘Pulp fiction’ (1994), así como los más recientes volúmenes I y II de ‘Kill Bill’ (2003 y 2004). De esta forma, Quentin vuelve a reinventar géneros y homenajear clásicos como ya hiciera con ‘Malditos bastardos’ hace cuatro años.

Nos encontramos en 1859, dos años antes de estallar la Guerra Civil Americana (1861-1865); King Schultz (Christophe Waltz) es un cazarrecompensas alemán que le ofrece un trato al esclavo de color Django (Jamie Foxx), lo dejará en libertad si le ayuda a atrapar a unos fugitivos que sólo este último conoce. Terminado con éxito el trabajo, Django tendrá que seguir colaborando en la caza de delincuentes para poder comprar la libertad de su esposa Broomhilda (Kerry Washington). Esto les llevará hasta Calvin Candie (Leonardo DiCaprio), sádico propietario de la plantación “Candyland” y dueño de Broomhilda.

Imagen de Django desencadenado.

Con este argumento arranca la última cinta de Tarantino, el cual no se ha dejado intimidar y ha “esquivado” los espantosos recortes de metraje que sufren la mayoría de las películas a la hora de estrenarse en salas comerciales, donde nos hace disfrutar durante casi tres horas con una historia dura, cruda y arriesgada, llena de diálogos apasionantes y unas interpretaciones verdaderamente memorables.

No resulta exagerado decir que tanto DiCaprio en su papel de sádico propietario de cientos de esclavos, como Waltz como cazarrecompensas y Samuel L. Jackson como servicial mayordomo de Calvin Candie bordan sus papeles; consiguiendo momentos irrepetibles y escenas deliciosas que ofrecen auténticos duelos interpretativos.

Tarantino ha sabido elegir bien su reparto, y su acierto ha sido mayúsculo. Todos están formidables (sin olvidarnos de Foxx, claro), pero me resulta imprescindible destacar la actuación de Jackson, con ese papel de mayordomo que lleva toda la vida viendo como los blancos descriminan a la gente de su raza, y ya se siente convencido de que eso es lo correcto, que su única labor en la vida es la de descriminar a sus semejantes y venerar a su amo. Tengo verdadero pavor al doblaje, puesto que aunque por regla general es espléndido (pero existen muchas excepciones), pueden “patinar” a la hora de conseguir marcar de forma tan acertada el acento sureño de los personajes, esa forma de hablar donde más que pronunciar parece que se les caen las palabras de la boca; en especial el del personaje de Samuel L. Jackson, siendo realmente difícil igualar la forma y con la soltura con la que lo hace este formidable y eterno secundario de lujo.

django-desencadenado

Volviendo a DiCaprio y Waltz; el primero demuestra de nuevo que es un actorazo, que debe dejarse de protagonizar al bueno de la historia y centrarse en recrear a más villanos como Calvin, donde simplemente sus ojos consiguen reflejar y remarcar mucho más intensidad y odio que cualquier otro gesto histriónico propio de los villanos de las películas. En cuanto a Waltz, reafirma lo demostrado en su anterior colaboración con Quentin, consiguiendo el director sacar con sus mordaces diálogos lo mejor de este políglota alemán del que casi nadie sabía hace 4 años y que ahora se lo rifan las productoras para encarnar al villano de turno.

Hay que aclarar que no es el mejor trabajo del director, puesto que tiene títulos más completos, pero este último supera a todos en sus magistrales interpretaciones. Así las cosas, firma un guión muy completo y sin fisuras, lleno de amor al cine, diálogos formidables y humor; todo ello salpicado con litros de sangre y tiroteos salvajes.

En resumen, resulta una cinta excesiva, cruda y sangrienta; donde Tarantino hace lo que quiere, y lo hace verdaderamente bien. Cuenta con un reparto de lujo muy inspirado que ha sabido plasmar a la perfección el excelente guión del director, el cual vuelve a sorprendernos otra vez con otra genialidad suya, ofreciéndonos otra revisión de géneros y múltiples homenajes, y recuperando viejas glorias del cine y la televisión; todo ello aderezado con una formidable banda sonora.

Lo mejor: Por encima de todo lo demás, las interpretaciones de DiCaprio, Waltz y, en especial, Samuel L. Jackson; donde están todos increíbles.

Lo peor: Que su largo metraje (167 minutos) echará para atrás a muchos espectadores; siendo realmente una ilusión, puesto que si te gusta Tarantino, pasarán en un suspiro.

Nota: 9

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