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Brave. La madurez del clásico.

Desde sus comienzos con ‘Toy Story’ (John Lasseter, 1995) Pixar ha demostrado una inquietud artística que va más allá de la realización de entretenimiento para niños, en gran parte por la profundidad que adquieren muchas de sus películas al sumergirse en la exploración de mitologías, algunas infantiles (‘Toy Story’, ‘Monstruos S.A.’) otras no tanto (‘Wall-E’, ‘Up’) desde una óptica tan reflexiva como imaginativa.

Crítica Brave.

Si bien a nivel argumental las historias de Pixar suelen estar talladas del mismo patrón (son moralejas sobre la superación personal de limitaciones inherentes al propio ser), lo que realmente destaca de la filmografía del estudio es la frescura en las ideas que plantea a la hora de dar una vuelta de tuerca a estas mitologías para desarrollar aventuras de corte tradicional con un sello de identidad genuino y rebosante de creatividad.

Su último trabajo, ‘Brave’, siguiendo esta línea de revisionismo mitológico, se escuda en el contexto de las leyendas celtas para convertir el héroe “campbelliano” en una figura terrenal, en un ambicioso ejercicio de convertir la épica sublime de los relatos de aventuras en un triunfo cotidiano, aunque no menos glorioso. Nuestra heroína de turno, Merida (un personaje que golpea con fuerza los cimientos del arquetipo de la princesa que Disney lleva modelando durante toda su historia), es una joven ávida de aventuras a quien su madre quiere domesticar para convertirla en una futura buena esposa, unos planes que están muy alejados de lo que la niña sueña para sí misma.

Brave.

Una conversación montada en paralelo que (no) mantienen madre e hija culmina el conflicto con el que Merida estalla y se avalanza hacia su destino que ni siquiera la espera. A diferencia del héroe de Joseph Campbell, en esta ocasión la heroína no recibe ninguna llamada, sino que es ella quien, por impaciencia e inmadurez, se entrega a un ideal y acaba creando su propio conflicto, con el que luego tiene que lidiar. Esta visión desencantada de la heroicidad encuentra su momento culminante en el enfrentamiento contra el padre (momento clave del viaje del héroe), puesto que su combate no es un acto de trascendencia o de liberación, sino un acto de responsabilidad que escenifica la reconciliación final con la madre y la aceptación de un destino incierto, legendario o no, pero que tendrá que forjarse ella misma.

De todas formas, el revisionismo lúcido y adulto que ‘Brave’ hace sobre la épica heróica no alcanza la excelencia de algunas de sus predecesoras porque la complejidad del tema no casa con la vocación infantiloide del film, muy concentrado en la moraleja simple y excesivamente reiterativo en algunos pasajes para que los más pequeños no pierdan el hilo, lo que la convierte en uno de los trabajos más flojos del estudio a nivel narrativo a pesar de ser el mejor a nivel técnico y artesanal (el diseño de los paisajes, la integración del movimento, el color y los matices con la luz y las texturas son una absoluta obra de arte).

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