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Skyfall. Cerrar el círculo y empezar de nuevo.

Hay la idea, en el 50 aniversario de 007 en el cine, de celebrar la incomparable trayectoria de una franquicia inagotable profundizando en las raíces del personaje de Ian Fleming de un modo inédito hasta ahora. Skyfall va más allá de mostrar los primeros pasos del espía británico como agente 00 (algo que ya hizo Casino Royale) y, por primera vez, nos presenta a James Bond como un individuo con pasado.

Ante todo habría que reflexionar sobre hasta qué punto es necesario darle un fondo vital a alguien que no lo necesita, puesto que la cualidad que ha hecho de 007 la saga más longeva de la historia es justamente que su protagonista es un personaje plano, estrictamente atemporal[1] (a pesar de que nació en contexto de Guerra Fría) y, en definitiva, esclavo de su tiempo. Por tanto, esta mirada al pasado es un ejercicio, creo, innecesario que no deja de ser interesante por una cuestión puramente semántica como es establecer un diálogo entre el Bond clásico y el Bond moderno con tal de subrayar la inmortalidad del personaje a partir del concepto de la resurrección, esencial en esta nueva película; y es una pena que resulte tan evidente que este diálogo busque más bien una reivindicación comercial de la franquicia que el auto homenaje que se merece.

Precisamente el argumento de Skyfall no termina de funcionar porque la película no va a por todas con su propuesta –viajamos al pasado de Bond, pero seguimos sin conocerle– y no genera ningún punto de conflicto entre el paralelismo entre Bond (Daniel Craig) y Silva (Javier Bardem) como individuos descarriados por el mismo motivo (su relación fraternal con M –Judi Dench-, la auténtica  chica Bond de la película) y que, sin embargo, han tomado direcciones opuestas en su vida. Es decir, entendemos las razones de Silva para convertirse en un ser vengativo, pero no las de Bond para mantenerse firme y abrazar ciegamente unos ideales adquiridos en su adiestramiento.

De todas formas, a pesar del intento fallido de dimensionar el personaje, Skyfall es sin duda alguna la película más especial de 007 por dos razones. La primera es que culmina esta transición extraña de la era Daniel Craig en la que pasamos de un Bond grotescamente espectacularizado (el de Muere otro día) a uno más humano, vulnerable y realista en la propia naturaleza del personaje, no en lo que es capaz de hacer. La segunda razón, y la más importante, es que por primera vez desde que Terence Young firmara 007 contra el Dr. No, una película de Bond ha encontrado un estilo audiovisual identitario.

Sam Mendes, extraordinario director pero primerizo en el género de acción, ha sabido imponer un estilo pausado que favorece mucho al montaje de las secuencias de acción, lejos del modelo parkinsoniano de la saga Bourne (que visualmente castigó mucho Quantum of Solace), en el que reivindica el plano general dentro el género. De todas maneras, el genio de Mendes como creador de imágenes no alcanzaría su excelencia sin el extraordinario trabajo de fotografía de Roger Deakins, quién por momentos (sobre todo en las escenas de Shangai y en el glorioso final de la película) eleva Bond a otro mundo y le da la saga, y al cine de acción en general, una clase y un nivel nunca vistos. La vuelta casi paradójica del film al clasicismo de las primeras películas de Sean Connery y la entidad estilística que adquiere la franquicia parecen prometer que lo que tenemos por delante será una gozada, siempre que se mantenga el mismo nivel artístico y a Daniel Craig como protagonista, ya que ningún actor ha conseguido mimetizarse tanto con el personaje como él.

Gracias a Skyfall por fin parece que la saga de James Bond ha tomado una dirección firme que va  más allá de seguir sumando títulos, y este es el gran éxito de la película. Es muy complicado elaborar una ránking con las mejores películas de Bond de la historia (al fin y al cabo es subjetivo), pero no lo es tanto identificar las que han marcado puntos de referencia, ya sea por su calidad, por su visión del personaje,  por ofrecer aires renovados o por su momento de realización. Goldfinger (1964), La espía que me amó (1977), Goldeneye (1995) y Casino Royale (2006) lo hicieron en su momento, y a estas, sin duda alguna, a día de hoy ya hay que sumarles Skyfall.


[1] Hay un gran momento en “Goldeneye” (Martin Campbell, 1995) –tras un parón de 6 años en la franquicia– M se refiere a Bond como “reliquia de la Guerra Fría” pero, a pesar de ello, lo considera el hombre ideal para llevar a cabo la misión. Con una simple frase conseguía lo que Skyfall intenta con toda una película, y es justificar la existencia de un hombre como James Bond en un mundo sin un gran conflicto internacional.

 

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Un comentario

  1. Me parece que la crítica es injusta, el querer descifrar completamente a James Bond es solo ansiedad cinematográfica. La virtud del argumento de 007 es justamente eso, que Bond sea inefable, misterioso, desconocido. Así ha sido desde 1962 y me alegro que en Skyfall se mantenga ese perfil. A mi me parece una película extremadamente bien lograda, tanto en sus efectos como en la trama. Sin duda marca un ‘antes y un despúes’ en la larga historia del agente del MI6.

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