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Crítica de Mandela, del mito al hombre. Un intento de vida

Nuestro colaborador Ricardo Jornet analiza para Cineralia la película Mandela, del mito al hombre, de estreno en cines el próximo 17 de enero.

En el vasto mundo del biopic, al que pertene Mandela, del mito al hombre, película basada en la vida de algún personaje relevante, abanico entre lo comercial y lo autoral (dependiendo, básicamente, del director que se haga cargo del filme) podrían localizarse varias tendencias; la más recurrente es aquella que se dedica a depredar el hecho o hechos que hicieron famosa a la persona en cuestión, aglutinando quizás años de vida en una hora y media y olvidándose de un desarrollo dramático original, empequeñecido este por una serie de vivencias que en muchos casos acaban por ocultar la trayectoria vital multifacética de una persona bajo arcos narrativos y sentimentalismos de libro.

Crítica de Mandela, del mito al hombre

Hay también, eso sí, otro tipo de biopics, aquellos que apuestan antes por la calidad que por la cantidad y se permiten el lujo de centrarse en un solo hecho o en una serie de hechos que no pretendan tanto dibujar un fresco épico de un personaje sino ahondar en su vertiente humana de manera responsable; son películas como Man on the Moon (basada en la vida del cómico Andy Kauffman, que le valió a Jim Carrey su segundo Globo de Oro, y que adopta las estructuras cómicas de Kauffman en su discurso) o el brutal ejercicio de vaciado narrativo que supone Last Days (que retrata sobriamente los últimos días de Kurt Cobain).

No hace falta ser un genio para deducir que, Mandela, Del mito al hombre, una superproducción sudafricana basada en la vida de la figura política históricamente más importante del pasado siglo, Nelson Mandela, va a decantarse antes por la vía rápida y emocional que por proponer un modelo narrativo original: Mandela, del mito al hombre muestra de manera muy directa y clara, narrativamente prístina (para bien o para mal) una buena cantidad de las cosas que vivió el líder sudafricano, empezando desde su infancia, pasando por sus inicios revolucionarios, su estancia en la cárcel y acabando por su liberación y el inicio de su mandato presidencial.

Así pues, Mandela, del mito al hombre no es una mala película, es un gran ejemplo de edutainment (en su vertiente, que la hay, más documental e informativa) y estéticamente posee algunos momentos hermosos; sin olvidar tampoco el mensaje de paz incondicional que lanza al mundo, que por muy cínicos que seamos algo nos revolverá en el estómago. Desafortunadamente, los logros cinematográficos originales o realmente destacables de la película Mandela, del mito al hombre son escasos o nulos.

Mandela, del mito al nombre

Es revelador que la traducción al castellano del original Long Walk to Freedom (un largo camino a la libertad sacado de la autobiografía de Mandela, base –no del todo- fiable del filme) sea Mandela: del Mito al Hombre; efectivamente, la película intenta un ejercicio de desmitificación que, aún respetando profundamente a Mandela, intenta profundizar en algunos de los puntos oscuros de su trayectoria vital, convirtiéndolo al fin y al cabo en un ser humano de carne y hueso.

Por ejemplo, ahondando en la relación con su exmujer, personaje que capitaliza muchas de las contradicciones del pensamiento de Mandela y la lucha contra el apartheid sudafricano (lucha armada versus paz, no rendirse ante el opresor versus rendirse para obtener mejores condiciones en el futuro…); en este sentido, Mandela, del mito al hombre abraza los ideales de Mandela y lo ensalza como un gran hombre, pero también da cancha a otras de las opiniones que rodearon al proceso de paz sudafricano.

A esta cierta concesión a la realidad se suma la muestra, en ocasiones realmente cruel, de algunas de las actitudes racistas a las que tenían que enfrentarse los negros del país (el maniqueísmo, obviamente, sobrevuela en ocasiones la película, pero está bastante mantenido a raya al mostrarse también a negros atacando a blancos); aunque tampoco hay que interpretar esto como un enorme gesto de valentía: hoy en día, es muy fácil provocar en el cine mediante la violencia.

Idris Elba, un actor quizás demasiado físico para interpretar a Mandela, acaba por entregar un sólido personaje que, esto también es verdad, va poco a poco desapareciendo bajo capas y capas de maquillaje (aunque sin acabar siendo el desastre que fue, por ejemplo, Hitchcock), y que lo confirma como un actor que, más allá de estar de moda (muchos pensarán que su protagonismo se debe básicamente a esto) es capaz de entregar un registro muy amplio de papeles, de lo más lúdico al drama.

Pero al final, ni su sólida interpretación consigue hacer sobresalir especialmente una película que intenta abarcar mucho pero acaba por dar vueltas (en ocasiones, eso sí, muy cerradas) alrededor de una figura que no llega a aprehenderse del todo.

Las hazañas de Mandela están, por supuesto, pero quizás falte algo más de su alma, algo más de verdadero compromiso con su legado revolucionario (se esté o no de acuerdo con él); en cualquier caso, si uno quiere hacerle honor a Mandela será infinitamente mejor que se acerque al cine que que confíe en aquellos que asistieron en masa a su funeral pero continúan jugando con los derechos humanos en sus respectivos países.

Crítica de Mandela, del mito al hombre, de Ricardo Jornet.

Acerca de Ricardo Jornet

Simpático redactor de Cineralia; no tan simpático estudiante de cine.

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2 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo, aunque la película se salva, me falta mucho de su mensaje de su cercanía y personalidad en el cinta. Si bien su metraje es largo para lo que viene siendo un biopic es llevadero, pero en momentos se hace lineal en cuanto a contenido. Hay imágenes recreadas rompedoras que marcan, pero a mí personalmente me ha faltado un poco de profundidad en el personaje. Estoy segura que desde su reclusión luchó mucho más que por unos pantalones largos como se muestra, seguro que hubo muchas más reivindicaciones que a mí me hubiera gustado visionar además de las conversaciones finales que llevaron a su libertad.

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