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Frances Ha. La tragedia de lo hip

Una de las escenas más reveladoras (para bien o para mal) de Frances Ha, la última película de Noah Baumbach, es ese homenaje, en absoluto disimulado, a la escena más conocida del Mala Sangre de Leos Carax.

Como resumen de ese impulso vital más grande que la vida, la protagonista corre al ritmo de Bowie por las calles de una Nueva York que no tiene nada que envidiar al Woody Allen de Manhattan o al primer Jim Jarmusch.

Frances Ha es, sí, retrato de una juventud contemporánea en general y de una de sus componentes más memorables en particular, pero de una juventud muy concreta: la sucesora cosmopolita y chic de los jóvenes rebeldes que en su época admirara Kerouac.

Crítica de Frances ha

Frances, constantemente atolondrada por un ritmo de vida que se modula en muchas frecuencias, vaga de hogar en hogar, de amistad en amistad, de país en país, sufriendo las embestidas de un destino al que le cuesta mucho borrarle la sonrisa; en su viaje subjetivo junto a la protagonista, el filme parece perderse en sus primeros compases en el mundo juvenil de la burguesía neoyorquina, preñado de discusiones filosóficas estériles, obras de arte a las que habría que cuestionar y fiestas interminables en las que se defienden posturas progresistas pero vetadas a aquel que no dé la talla (intelectual o económicamente).

Uno teme que en Frances ha Baumbach se vaya a detener durante la siguiente hora y media en glosar las maravillas de esta clase, estirpe contemporánea, pasada por el filtro Warhol, de unos jóvenes que una vez tuvieron un mensaje que acompañara a sus maneras estrafalarias de vivir, pero que ahora nadan en el charco de lo hipster sin disimular su orgullo de clase. La asimilación capitalista de lo que una vez fue contracultura. El “horrible artista” que diría Gimpel.

Pero pronto se ve que el interés principal del director no es tanto el ambiente como detallar el deseo de crear de su protagonista; en cuanto el personaje empieza a perfilarse como una especie de heroína trágica, constantemente negándose a crecer pero descubriendo poco a poco que el cómodo mundo de juventud en el que vivía empieza a desmoronarse, el filme adquiere un interés mayúsculo. Es, más o menos, lo mismo que hizo Allen en su Manhattan: el mundo de sus intelectuales parece ser el ideal hasta que se revela que, si no paran de hablar, es porque tienen miedo de enfrentarse a sí mismos, de que el silencio les obligue a repensarse. Pero si aquellos eran intelectuales acercándose a la cuarentena que pretendían volver a ser jóvenes, aquí nos encontramos a una apasionada joven con un atroz miedo a crecer.

Frances-Ha-pelicula-imagen

Así, es el personaje de Frances el motor principal de la película Frances ha; un personaje al que Greta Gerwig encarna con una exactitud e identificación prodigiosas (no en vano es su propia guionista), nadando entre un mar de pequeñas expresiones faciales, risas, caras melancólicas y diálogos certeros que la convierten, para nosotros, en una de las mejores interpretaciones que hemos visto en mucho tiempo.

En el camino hacia la madurez, que también es, no lo olvidemos, la historia de la destrucción y construcción de una amistad, la historia de la desintegración de un sueño que da paso a la formación de otro, no distinto sino complementario, Frances hace que nos cuestionemos acerca del precario equilibrio entre el ideal que nos lleva a hacer cosas y la realidad que en muchas ocasiones nos acaba frenando.

En esencia, Frances Ha, con su irónica música de cuento de hadas, no es más que el progresivo desmontaje de una fábula (la que Frances se había construido en torno a la juventud) sobre la cual se erigirá otra distinta, la de la entrada en la edad adulta.

 

Acerca de Ricardo Jornet

Simpático redactor de Cineralia; no tan simpático estudiante de cine.

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