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Oh boy: Cine con clase

Jan Ole Gerster ha realizado un magistral ejercicio cinematográfico en su primer trabajo, Oh boy donde además ejerce también de guionista.

Si todos nos pusiéramos a realizar un listado de lo que tiene que contener una buena película, lo tendríamos claro, el director tendría que combinar buen guión, buena fotografía, música sugerente, profundas actuaciones y mucho, mucho sentimiento contenido en imágenes, pues nada, dicho y hecho Jan Ole Gerster ha realizado un magistral ejercicio cinematográfico en su primer trabajo, Oh boy donde además ejerce también de guionista.

Crítica de la película Oh boy

Oh boy relata un día decisivo en la vida de Niko (Tom Schilling), cuando todo se derrumba a sus pies, su novia se ha cansado de sus indecisiones, su padre no quiere seguir siendo quien pague todas las cuentas, y no sepa sus mentiras, y si por si esto fuera poco su psicólogo le declara emocionalmente inestable. No le queda nada de su etapa anterior a lo que pueda aferrarse para seguir inmerso en una vida melancólica y sin rumbo. O ¿será capaz de reaccionar ante tanta adversidad conjunta?, todo ello matizado en blanco y negro, de bar en bar y con música de jazz.

Todas las conversaciones contienen una dureza extrema pero sin llegar a lo irritante del ser humano, todo se queda en un vacío existencial característico de una personalidad perdida que es lo que mejor describiría al personaje, además de encontrarse en un camino sin rumbo, sin metas y sin ilusiones.

Bien es verdad, que aunque todo lo que se muestra uno comprende que el personaje también se lo ha buscado por su comportamiento y años pasados, se detona en el ambiente la búsqueda del amor, de la comprensión pero en una cierta forma egoísta, al menos es lo que aparenta en primera instancia.

Todo lo que se muestra en el guión de Oh Boy, no es algo que haya surgido en el personaje de repente, si no que tomas conciencia que todo viene de lejos que su vida en parte bohemia viene marcada por una familia desestructurada, por la falta de referentes y apoyos emocionales.

Oh boy es melancólica, contiene una lectura de mucha parte de la juventud actual, como crítica constructiva o como mera metáfora pero se expone en bandeja la temática. Resulta cruel en cuanto a relaciones humanas cercanas como son las familiares, tan distantes, y con tan poco afecto, que duele.

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Me engancho sobremanera las escenas  en las que el personaje se muestra frágil, con esas miradas ausentes y perdidas, con unos primeros planos impactantes, donde el auxilio que se pide es tremendo pero sin poder articular palabra. Bien es verdad que aunque los diálogos son intensos no son abundantes y el director Jan Ole Gerster ha querido plasmar más con los gestos en unos planos impresionantes, porque la fotografía de Phillipp Kirsamer aquí en Oh boy hay que destacarla de gran manera.

Aunque el director en Oh Boy hace una clara llamada al cine clásico, como enfoque y como referencia para marcar su película, tiene también personalidad propia que imparte en cada secuencia, con la lentitud que da el buen cine, con la sencillez que dan las imágenes y con la imaginación que conjuga la vitalidad, la dureza  y el sosiego de la temática que trata.

Que recuerda a muchos de los grandes, eso por supuesto, pero que cada uno juzgue y compare, aunque ya sabemos que las comparaciones son odiosas, lo que si queda claro que Oh boy bebe del buen cine.

 

 

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