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300: el origen de un imperio. Esto no es Esparta.

El problema que tiene 300: el origen de un imperio es que se reivindica exclusivamente apoyándose en su antecesora.

Partimos de una mala idea. 300: el origen de un imperio (antes 300: la batalla de Artemisa y antes Jerjes) es una precuela/historia paralela/secuela de una película cuya marca de agua eran las resonancias épicas derivadas del exceso en la espectacularización de la violencia.

Los años han demostrado que el estilo del “visionario” Zack Snyder no sólo es perfectamente mimetizable, sino que no tiene la suficiente entidad como para convertirse en objeto de franquicia; ya que tras esta fina capa de croma lo que hay es un oscuro vacío en vez de una historia mínimamente sugerente para apuntalar la maquinaria pirotécnica.

300: el origen de un imperio

El problema que tiene 300: el origen de un imperio es que se reivindica exclusivamente apoyándose en su antecesora, forzando los engranajes para recuperar personajes y escenas de 300 como si lo nuevo que tiene que ofrecer no fuera lo bastante potente como para funcionar como obra independiente.

Dicho esto, entramos en una contradicción. Por un lado, hay ciertas decisiones de guión muy acertadas: mantener el bando persa como antagonista (cuando todo indicaba que iba a ocurrir lo opuesto) refuerza la línea argumental de una franquicia que, ahora sí, parece que va a tener continuidad. Sin embargo, Temistocles no es Leónidas, los griegos no son los espartanos y lo cierto es que el rugir testosterónico acompaña mucho mejor el fluir de la sangre en slow motion que la pericia a la hora de diseñar las estrategias militares.

De todos modos, insisto otra vez en lo importante que es el guión en esta película, por muy simple que sea. El tufillo a caché menor que desprende la producción, sobre todo a raíz del perfil bajo del director y del protagonista, se compensa gracias a la abundante variedad de situaciones que agilizan la trama y reservan las pocas sorpresas que puede ofrecer un producto de explotación tan descarado como esta secuela.

300-origen-imperio-2

En cualquier caso, el argumento más sólido del film es Eva Green, una actriz avezada a polarizar las películas con su sensualidad y con su facilidad para construir personajes ricos en personalidad que ofrecen alternativas en el punto de vista. Precisamente es en Artemisa que 300: el origen de un imperio encuentra el personaje mítico (como antes lo fue Leónidas) que justifica el despliegue visual que define la franquicia, puesto que ella es la directora de orquestra y el gancho emocional. El problema es que también es la villana destinada a perder, de modo que cabe preguntarse si vale la pena seguir adelante con una fórmula prácticamente caducada o si la dupla Snyder/Miller seguirá encontrando nuevas excusas para arrastrarnos a las salas a consumir este entretenimiento sin complejos, tan disfrutable y tan tedioso a la vez.

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