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Cuando el Diablo se aburre… Especial Posesiones Demoníacas (2)

En Cineralia continuamos con nuestra lista de posesiones demoníacas, esta vez con los cinco primeros puestos. Drama, gore y (curiosamente) pocos cuernos se dan cita en las joyas del subgénero más impío de la historia del cine.

Cerramos nuestra lista demoníaca particular, un repaso de Semana Santa a algunas de las muestras más sobresalientes del subgénero de posesiones. Como ya vimos en la primera parte del artículo, la premisa ha servido a muchísimos cineastas de distinto pelaje y condición para explorar sus universos particulares; en este caso, veremos algunos casos que han cogido al demonio por los cuernos y lo han utilizado para urdir una trama explosiva, espectacular y probablemente llena de sangre y tripas, usando al príncipe de las tinieblas como mera excusa argumental para desatar una tormenta en pantalla.

Pero también veremos, y quizás estos sean los más terroríficos, los que mejor resisten la prueba del tiempo, filmes que parecen temer genuinamente al diablo y que evitan, o eliden frecuentemente, su representación directa: son obras maestras que transmiten, en el momento de su estreno y ahora, el miedo inmemorial de la Humanidad a las criaturas que viven en las sombras, en los límites del conocimiento. Un horror cósmico que parece preguntarse, una y otra vez, si con las farolas callejeras tendremos suficiente para protegernos de las noches que están por llegar.

posesiones demoniacas

  • Cinco posesiones demoníacas (del 5 al 1):

5. El Resplandor (The Shining, Stanley Kubrick, 1980)

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Uno de los filmes con el recorrido crítico y de público más extraño de la historia (odiado en su momento como monumento a la frialdad, amado hoy en día como obra maestra del terror), “El Resplandor” sería polémica incluso por su inclusión en esta lista, dado que la narración elíptica y el ambiente general de enigma que lo rodean hacen difícil discernir si habla de una posesión demoníaca, de la desestructuración de una familia, de un viaje en el tiempo dentro de la cabeza del pobre Jack Nicholson o, simplemente, de lo que acaban hablando casi todos los filmes de Kubrick: de cómo un lugar y momento determinados (el hotel de montaña Overlook ,en invierno) pueden conducir a un hombre (Jack Torrance) a la locura, sin que éste se de cuenta.

Con su personalidad y métodos ya bien asentados en la industria y conocidos por crítica y público, Kubrick decidió, tras el fracaso de “Barry Lindon”, empezar los ochenta realizando un filme que le granjeara el éxito de masas al que siempre había aspirado, y el género ideal para ello era el terror, viviendo una época dorada que acabaría a finales de la década. Pieza de artesanía que ejemplifica a la perfección el interior estructurado y terroríficamente simétrico de la cabeza de su director, “El Resplandor” y las condiciones en las que fue rodada reúnen tantas anécdotas (falsas o verídicas) que hace unos años se estrenó (no en nuestro país, como era de esperar) “Room 237”, documental que ahonda en muchos de los misterios que rodean la película.

Historia viva del cine, innovadora en el uso de estrategias tanto narrativas (nunca antes un filme de terror había sido tan alternativamente aséptico y turbio, el mal ya no como masa informe sino como simetría perfecta) como técnicas (con planos memorables que fueron posibles sólo gracias al uso de la recién estrenada Steadicam), “El Resplandor” dinamita las estructuras de lo cotidiano consiguiendo que una cámara frigorífica, un cuarto de baño o un espejo manchado de carmín permanezcan en nuestra memoria como impresiones puras del horror. Aunque nadie haya conseguido entender aún por qué.

4. Demons (Demoni, Lamberto Bava, 1985)

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Reverso absoluto del anterior filme de la lista, “Demons” es un canto a la exageración desenfrenado y hemoglobínico, quizá una de las obras cumbres de la brutal tendencia del cine italiano de los sesenta, setenta y ochenta a reciclar tramas de terror provenientes de tierras más frías con el único propósito de calmar las ansias de los adolescentes en las sesiones dobles o incluso de agradar a aquellos críticos que se atrevían a analizar seriamente estos torrentes de sangre, tripas y música rock.

Filmada por el joven Lamberto Bava, protegido de Dario Argento e hijo de uno de los padres del terror italiano, Mario Bava (“La máscara del demonio”, “Operazione Paura”), era evidente que la película no daría la espalda a la tradición exagerada del terror mediterráneo (que también fue cultivado en la paulatinamente democrática España) a la hora de narrar la lucha por la supervivencia de un grupo de jóvenes contraculturales que se quedan encerrados en un antiguo teatro recién convertido en cine, enfrentados a un montón de demonios sedientos de sangre.

Con una de las secuencias finales más aberrantes/memorables de la historia (incluye un helicóptero, una moto de gran cilindrada y una katana), “Demons” es un verdadero tour de force cuyos demonios, sus ojos de color azul brillante como neones que hienden la oscuridad del cine, pasan por ser casi los más puñeteros (y vomitivos) de la historia del subgénero.

3. [REC] 2 (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2009)

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Tras el éxito crítico y de público de “REC”, mezcla improbable pero genial de documental de oficios al estilo de “Callejeros” y “28 días después” al estilo Ramblas de Barcelona, se hizo evidente que la geografía oscura y laberíntica de ese edificio barcelonés que se convierte en un nido de zombies tenía que volver a ser explorada. Pero la mayoría creyó que se trataría de un segundo viaje deslucido, que repetiría los gags de la primera parte y convertiría a sus directores, Jaume Balagueró y Paco Plaza, en un par más de engañabobos dedicados a aprovecharse de la gallina de los huevos de oro.

Afortunadamente, “[REC] 2” es todo lo contrario y ejemplifica lo que debería ser una buena secuela: amplía los límites del escenario sin necesidad de salir de él, repite personajes a la vez que añade algunos nuevos que resultan igual de carismáticos, multiplicando miradas, busca nuevas vías para provocar el terror (el componente gore todavía más exagerado, el movimiento y acciones de los zombies sorprendentemente cómicas y casi costumbristas, preludio de la ya abiertamente humorística “REC 3”) y, quizá lo más interesante, amplía la mitología para conseguir ampliar también los referentes, del zombi al poseído.

Aquí los zombies ya no son infectados por un virus, sino por el puro mal diabólico, en una vuelta de tuerca genial, y las reglas del género cambian para ofrecer un espectáculo cámara en mano donde las posesiones suenan a la vez clásicas e inteligentemente bien renovadas. Un maravilloso homenaje al género de exorcismos.

2. Posesión Infernal (The Evil Dead, Sam Raimi, 1981)

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Antes decíamos que los demonios de “Demons” eran casi los más puñeteros de la historia; el primer puesto de esta lista se lo llevarían, sin lugar a dudas, los de “Posesión Infernal” y sus dos secuelas, cada vez más desaforados. Planteando una premisa argumental de gran éxito a priori y a posteriori (grupo de estudiantes van a pasar el fin de semana a una cabaña en el bosque, y se encuentran con un terrible peligro paranormal que va eliminándolos uno detrás de otro), Sam Raimi inaugura con “Posesión Infernal”  una carrera directa del bajo presupuesto artesano a los grandes blockbusters de Hollywood, demostrando cómo una opera prima puede contener ya las claves del éxito de un gran director, aunque sea a través de los desmembramientos y los monstruos del bosque.

Bruce Campbell, que a la larga sería también un mito del cine de género, se enfrenta aquí con todo lo que encuentra a mano (motosierra incluida) a una maldición inmemorial que va convirtiendo a sus amigos (incluida su novia) en terribles demonios burlones que han llegado para hacer sufrir a la Humanidad, volviéndose poco a poco demente conforme se queda aislado en medio del bosque en la peor noche de toda su vida.

Aunque quizás haya perdido mucho de su impacto original y hoy en día quede más del carácter amiguetil y artesano que del puro horror, sigue siendo una película original y sorprendente que, además, tiene que servir de punto de partida a cualquiera que desee ver la trilogía completa de Raimi, con un segundo título, remake cómico del original que incluso lo supera en ocasiones, y un tercero, aventura medieval que es medio cartoon y medio gore, todas ellas excelentes.

1. El Exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973)

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Cómo no, la primera película de nuestra lista tenía que ser “El Exorcista”. No sólo por su (gráfico) título, sino por la acumulación de logros que William Friedkin, su director, consiguió a la hora de enfrentarse a un tema tan polémico en los setenta, época moderna pero todavía anclada en ciertos tabúes, como el de los exorcismos. Sobria pero terroríficamente efectiva, casi fría en su acercamiento al turbio tema, “El exorcista” narra la relación entre un cura en proceso de perder la fe y una niña que ha empezado a bajar las escaleras de casa boca abajo.

Tratando en un inicio la posesión demoníaca de una niña como si fuera un caso clínico común (reconozco que la escena que más me perturba es aquella en la que se le hacen un montón de tests médicos a la protagonista, visiblemente asustada) para poco a poco ir transitando por los caminos más oscuros del género de terror más incómodo (no hace falta recordar los vómitos, los cambios de voz, los giros de cabeza… de Reagan, la niña poseída) “El Exorcista” es un manual excelente para amantes del género, para cinéfilos en general (que descubrirán una historia más profunda de lo que se pueda pensar) o para aquellos directores que deseen aventurarse en el  difícil género de posesiones.

Rodeado también su rodaje de múltiples leyendas negras (especialmente famosa es aquella que dice que la niña protagonista, Linda Blair, murió poco después, lo cual es falso se mire por donde se mire), “El Exorcista” consiguió aquello que muchas campañas de publicidad, en muchos filmes, a lo largo de décadas, habían intentando pasar por real: el público se desmayaba, chillaba en la sala o tenía incluso que salir del cine debido a la profunda sensación de desasosiego que les transmitía lo que veían en pantalla. Si alguna película se ha acercado a la representación del Diablo en nuestro mundo, es esta.

Acerca de Ricardo Jornet

Simpático redactor de Cineralia; no tan simpático estudiante de cine.

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