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Crítica de Matterhorn. Surrealismo vital

Llega a nuestras carteleras de cine Matterhorn ópera prima de Diederik Ebbinge, obra que ha destacado en muchos festivales.

La película ha sorprendido al público asistente y os aseguro que conmigo también lo consiguió.

La vida de Fred, un hombre viudo de 54 años, es solitaria, monótona y aburrida, todos los días son iguales en su pequeña localidad, con una conducta intachable ante la sociedad y con unas costumbres totalmente rutinarias. Un buen día aparece en su vida Theo, una persona adulta pero extraña, su comportamiento es atípico y casi no habla aún así Fred le acoge en su casa y pasa a ser su invitado y le intenta integrar en su sociedad, algo que no gusta entre sus vecinos y por lo que es rechazado.

Crítica de Matterhorn

Pero sin quererlo Theo le da la valentía para realizar unos sueños que no se atreve a realizar y de la misma manera enfrentarse a sí mismo y a su pasado.

Desde luego después de ver una película como Matterhorn, uno recupera la fe en el buen cine, en historias surrealistas, originales, y con mucho fondo a la par que realismo pero contado de forma hilarante y soñadora.

Visualmente Matterhorn es muy sencilla pero atrayente, por esos dos personajes que te llevan por un terreno inmóvil a veces, a la vez que interesante, es un duelo de miradas que contienen incomprensión, y que a medida que pasan los minutos cada uno te muestra con pequeños detalles lo que esconde.

Sobretodo el personaje de Fred, que se esconde sobre una rutina una vida estática y monótona y que se rompe por la llegada de este extraño que no le pide, no le ayude, solo le sigue, y es el detonante con su aparición y desaparición de reabrir viejas heridas y lo que es más, destapar al espectador ese oscuro secreto que se esconde detrás de esa fachada intachable ante una sociedad que juzga meramente por las apariencias.

Matterhorn contiene una crítica de soslayo pero feroz a la sociedad que juzga sin tener conocimiento de causa, donde debemos de comportarnos como mandan los cánones si no queremos ser señalados por los demás. Un canto a la libertad del ser, del individualismo y de una libertad interior.

Además Matterhorn nos enfrenta de cara al status de soledad de las personas, al respetarse uno mismo, todo ello contado y tratado con un humor muy irónico pero delicado al mismo tiempo, sin ofender, solo queriendo desdramatizar situaciones que el hombre en sí, tiende a exagerar y llevar a unos límites poco necesarios.

Matterhorn-imagen-2

Sin necesidad de grandes elementos la cinta se desarrolla en paisajes naturales y atrayentes, en interiores simples donde la capacidad del espectador para entender se desarrolla con pequeños elementos que el director va dejando lentamente, para atraer la atención sobre lo que hay en el fondo de los protagonistas. La clave de todo, como no, en pequeñas dosis y en pequeños detalles.

En la Seminci, Matterhorn ganó el Premio Pilar Miró al Mejor Nuevo Director, en el Festival Internacional de Cine de Moscú se alzó con el Premio de la Crítica y el Premio del Público. También el Premio del Público en el Festival de Cine de Róterdam, además de haber estado presente en las secciones oficiales de otros festivales internacionales.

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