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Crítica de Meteora. Animación y misticismo a contraste

Es la propuesta más sui generis de esta semana en la cartelera de cine, una producción greco-alemana de la mano del director Spros Stathoulopoulos.

En Meteora se mezclan con inusitado acierto la ficción y la animación.

Theodoros y Urania son un monje y una monja recluidos cada uno en su convento ortodoxo, en la región de Meteora, perteneciente a Tesalia. Distanciados por la naturaleza y por los votos, viven una lucha interior para salvarse de su amor, un sentimiento que les está prohibido.

Crítica de Meteora

Meteora es una cinta densa concentrada en 82 minutos, casi formada en un marco y cuadro pictórico reflejando las debilidades e intensidades del ser humano. Una combinación de ficción y animación que hace salirse al espectador del contexto a veces tan fuerte y existencialista que muestran las imágenes, y además creo que necesario para no quedarse inmerso es lo trascendental que puede llegar a mostrar el guión.

Cuando anteriormente me refiero a imágenes, es porque una de las características principales de Meteora, tanto ya sea en animación como en cámara es esa, ya que los diálogos son casi inexistentes, la combinación de las imágenes con esos dos protagonistas de telón de fondo y la música religiosa dando paso a la intensidad y profundidad de lo que quieren narrar es lo que define lo esencial, y que puede para muchos ayudar a comprender o no.

La animación existente aquí es equivalente al ritmo de la película, una animación lenta e intensa que dibuja a los personajes, que los encaja en su vida y al mismo tiempo les saca, para enmarcarlos en otra realidad muy distinta a la que tienen, algo de ida y vuelta.

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Además en Meteora se mezcla la animación con los cuadros, algo que me recordó mucho a El molino y la cruz, que en cierta forma hacía lo mismo de un cuadro salían personajes reales, contándonos sus necesidades y vivencias, aquí aunque de fondo se ve más gente, solo nos centramos en dos personas que luchan por mantener sus creencias o guiarse más por lo carnal.

Otra de las virtudes de Meteora es mostrarnos la simpleza y la grandeza al mismo tiempo de los paisajes que se muestran, esos monasterios clásicos que encierran entre sus muros historias y vidas.

Una buena fotografía que nos retrata los grandes monasterios que fueron construidos por monjes ortodoxos del siglo XIV sobre enormes rocas. Son como fortalezas en una cima, alcanzables para el alma y las personas que en ellas habitan; está filmada en Meteora, Grecia central.

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