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Crítica de Mil maneras de morder el polvo. Seth MacFarlane no cambia de registro

Apenas han pasado dos años desde que el irreverente creador de Padre de familia invadiera nuestras salas de cine con la descarada e inusual comedia, protagonizada por un oso amoroso de peluche, Ted.

La película, a pesar de tener cierto aire presuntuoso desde antes de su estreno, es verdad que poseía ese desparpajo característico del humor negro de MacFarlane, lo que dotaba de una bocanada de aire fresco a los estrenos más flojos de ese verano. La dupla Mark Wahlberg – Seth MacFarlane funcionaba. De hecho llegó a recaudar cerca de los 600 millones de dólares.

Crítica de Mil maneras de morder el polvo

Los días, las semanas y los meses se suceden y, el joven cineasta, decide que realizará una secuela de su obra inicial, no obstante, antes de inmiscuirse en ella, determina que es mejor hacer otra comedia con dubitativos tintes de western, que le sirva de telonera; y así es como se manifiesta ante nosotros, con un cartel plagado de rostros conocidos y diálogos tan bien trabajados como desconsiderados, Mil maneras de morder el polvo.

La historia de Mil maneras de morder el polvo nos transporta a la América del Norte de finales del siglo XIX donde las enfermedades y la muerte acechan desde cualquier esquina. MacFarlane es el característico tipo bueno con expresión de inocencia que se ve castigado por la indiferencia del destino. Es, entonces, cuando aparece Charlize Theron, la chica explosiva que reconducirá a su protagonista por el camino correcto hasta un insospechado, pero no por ello espectacular, final.

Charlize Theron, aquella rubia radiante que parece estar bañada en mares de oro a cuenta del magnate Christian Dior; Liam Neeson, con su aire desgarbado y ese aspecto tunante pero entrañable; Amanda Seyfried, con ese rostro tan hierático que sería la envidia de los propios egipcios o Neil Patrick Harris, con un carisma que solo George Clooney podría superar, son algunos de los personajes que forman el elenco de Mil maneras de morder el polvo, además del propio MacFarlane. De principio a fin, esta farándula conlleva consigo una pasarela de cameos hollywoodienses que nos hacen pensar que es más que probable que estén ahí como factor trampa, es decir, el hecho de que los veas, los reconozcas, suelten alguna ocurrencia y empatices con ellos no sirve para otra cosa más que para levantar los momentos más abismales de la película.

Mil maneras de morder el polvo es una comedia personal, una historia con unos personajes y unos diálogos característicos de su autor. No es una trama nueva. No son personajes frescos. No te rebañarás los sesos por sus giros de guión. Pero tiene ese algo que es innato de su iniciador. Con una idea lineal, sin altibajos ni sorpresas, con momentos divertidos y momentos tan aburridos que te recuerdan a esos momentos en los que vas conduciendo y no sabes como has llegado hasta ´X`sitio porque estabas pensando en otras cosas. Es una película más en la estantería de un videoclub. Sin embargo, reiterándome en lo ya dicho, tiene ese algo que hace que pienses que, quizás, MacFarlane tenga una cualidad – o no – : hacer su trabajo de la misma manera pero en mil situaciones diferentes.

Sin embargo, dejando a un lado ciertos momentos insípidos y unos 20 minutos sobrantes de metraje, me ha ocurrido algo insólito en estos últimos años. Si muchos piensan, entre ellos yo, que últimamente los tráileres son superiores a las propias películas que representan, en este caso sucede lo contrario. Tras visualizar el adelanto de dos minutos me cree una perspectiva de lo que me iba a encontrar; un filme tedioso, dirigido por un cómico venido a menos. Y no es que me haya encontrado con algo parecido a Un cadáver en los postres pero, sí es verdad, que MacFarlane ha logrado que soltara varias carcajadas a los largo de sus casi dos horas de trabajo. Y eso, a mi parecer, es un trabajo bien hecho.

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Por un lado, lo mejor de Mil maneras de morder el polvo es el impecable monólogo sobre la muerte que recrea Seth MacFarlane donde, satíricamente, critica los medios de la época para sobrevivir sosteniendo que es más fácil morir de camino al baño que mantenerse con vida y el chocante guiño a la trilogía de Regreso al futuro. No obstante, por otro lado, lo peor es como se alarga una historia que no da para tanto.

Acerca de Jose María Santiago

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