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Criticando a los clásicos. ¿Quién puede matar a un niño?

Analizamos un clásico del terror español, una historia de sol y playa protagonizada por terroríficos niños que deciden acabar con los adultos de un pueblo.

¿Quién puede matar a un niño? está dirigida por Narciso Ibáñez Serrador en 1976.

Se dice que Chicho Ibáñez Serrador es el Hitchcock español, y no tardan en acudir motivos: por ejemplo, la similitud del programa de televisión del director inglés Alfred Hitchcock Presents con el antológico de historias de terror (el género que siempre apasionó a Serrador) Historias para no dormir (emitido por una TVE que quizás no veía trazas de desafección al régimen en un género tan alejado de la realidad- cosa falsa, pensemos solamente en La Cabina o en el filme que ahora nos ocupa). Y, sobre todo, el parecido temático de ¿Quién puede matar a un niño?, cima del fantaterror español en el que los niños de un pueblo isleño deciden matar a todos los adultos, con Los Pájaros, también de geografía salada, en la que las aves deciden matar a todo ser humano que pillen.

Podría deducirse que Serrador es un artesano de serie B que emula los éxitos de la factoría anglosajona en busca del éxito popular (crítica desacertada que puede extenderse según algunos a todo el terror mediterráneo de los sesenta y setenta) Pero nada de eso: ¿Quién puede matar a un niño? es la obra de un maestro que funciona como microclima de las tendencias del terror de mediados de los setenta.

¿quién puede matar a un niño?

Desde finales de los sesenta, en Estados Unidos surgió una nueva generación de cineastas de terror que ya no se interesaban por los castillos góticos o los horrores del Mas Allá: ahora, el enemigo está en casa. Se trata de un nuevo terror que pone el acento en lo oscuro dentro de nosotros mismos (el embarazo como metáfora más clara de esto): pensemos en La semilla del diablo (relato demoníaco en plena Nueva York, con vecinos satanistas), La Matanza de Texas (nada de espíritus: sólo endogamia y las profundidades de Texas como sublimación del terror absoluto)… Serrador recoge esta tradición y convierte en el Mal absoluto a los niños, símbolo de la inocencia y la bondad; el cineasta siempre se había interesado por indagar en la parte oscura de la infancia, y aquí es donde mejor se explicita. En Historias para no dormir había adaptaciones góticas, pero también terrores cotidianos que ponían el acento en lo inesperado de lo conocido.

La semilla del diablo y su discurso es influencia innegable en el filme; mucho se ha hablado sobre la similitud entre la música de nana de ambas películas. Pero esta música se parece también a la del Pájaro de las plumas de cristal de Argento, o a la del Holocausto Caníbal de Deodato. La película evidencia su deuda con el cine de género italiano en su realización (zooms, movimientos de cámara al hombro, montaje acelerado), su inicio de mondo-film (que muestra imágenes de maltrato a niños en todo el mundo), la utilización de actores ingleses (constante del fantaterror español e italiano), el gusto por la sangre… El final del filme, en el que el protagonista es abatido por unos policías que creen que estaba atacando a los niños (cuando es al revés) debe tanto a La noche de los muertos vivientes (con una situación final idéntica) como a Bay of Blood (donde también hay niños con escopetas que matan adultos). Y la fotografía solar de José Luis Alcaine debe también tanto al spaghetti western como a la tradición española (El ataque de los muertos sin ojos y su entorno de casas de cal blanca).

quien puede matar a un niño

¿Quién puede matar a un niño?, pues, es una ensalada de influencias que sin embargo no oculta la maestría de su director, que transmite su mensaje de desesperanza y cinismo de una forma que muchos otros querrían (sorprendente en un realizador encargado también de Un, dos tres…). El filme ha ejercido influencia en muchos otros: Los chicos del maíz, La Huérfana, El pueblo de los malditos… Pero, en todos ellos, el Mal no proviene de los niños, sino de instancias superiores que les controlan. Es Serrador el que se atreve a mostrar en ¿Quién puede matar a un niño? la violencia de los niños como decisión propia, como venganza lógica a un mundo de adultos que los trata mal. El Mal cotidiano engendra monstruos.

Acerca de Ricardo Jornet

Simpático redactor de Cineralia; no tan simpático estudiante de cine.

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