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Crítica de Looking for Eric (2009)

Looking for Eric aplica la filosofía del fútbol a la vida, invitando al espectador al diván de Eric Cantona

Looking for Eric.

Guerra. La guerra civil en Costa de Marfil llevaba arreciando el país desde hace 5 años. El futbolista marfileño Didier Drogba, mencionado en su momento como una de las 100 personas más influyentes del mundo, convenció a las autoridades para trasladar uno de los partidos de la selección a territorio rebelde. Allí, se dieron cita los líderes de ambos bandos, juntos en el momento del himno nacional.

El fútbol es un instrumento capaz de parar incluso guerras para que un partido tenga lugar, pero su doble filo le otorga el inevitable poder de generar polémicas allá por donde extienda sus verdes campos y sus líneas que definen  el contorno de su terreno de juego. La simple existencia del fútbol crea al instante fanáticos y detractores, pero no debería ser entendido como un generador de discordia. Cierto es que casos como el de los grandes salarios, las astronómicas cifras de los traspasos y la vista gorda en temas económicos por parte del Estado que muchas veces acompañan a los clubes de la mano le crean una mala prensa de cara al ciudadano neutral (y no sin razón, hasta cierto punto).

No obstante, Looking for Eric nos muestra el fútbol como un sentimiento, algo que va más allá del simple dinero (que aun así no deja de ser poco, más aun en un contexto de crisis económica como el actual). El fútbol como terapia para emprender la reconquista de tu vida, para seguir las metáforas y los símiles futbolísticos, inspirarte y envalentonarse gracias a ellos tomándolos como modelo a seguir en tu día a día. En Looking for Eric, el protagonista (Eric) es perseguido por su presente y su pasado.  Cuando era joven, fue incapaz de soportar la presión y huyó de su familia y esposa dejando a esta embarazada y obligada  a criar ella sola a la hija que iban a tener. En el presente, Eric es el padrastro de dos adolescentes y no tardará en verse abrumado por los problemas prototípicos de esas edades (escarceos con las malas compañías…etc) y justo cuando nuestro querido protagonista está al borde del abismo, enciende el mechero, lo aLooking for Eric.cerca a un porro y es visitado por Eric Cantona (el exdelantero francés del Manchester United) que le asiste en calidad de gurú a través de imponentes citas célebres y consejos para ayudarle a retomar las riendas de su vida.

“It all began with a beautiful pass from Eric Cantona”. Y es que el fútbol es un deporte colectivo, que aunque muchas veces esté solo compuesto de grandes individualidades con sus nombres y apellidos no deja de fomentar el trabajo en equipo aunque a veces nos cueste apreciarlo. Gracias a Ken Loach, Looking for Eric le otorga esa merecida importancia a la amistad y la generosidad que emana inherentemente de esta última, entre otros detalles, a través de la frase “it all began with a beautiful pass from Eric Cantona”. Es irónico que uno de los grandes goleadores de las últimas décadas se confiese diciendo que su momento más feliz fue dando un pase de gol en vez de metiéndolo él mismo. Con todo, el hecho de que aparezca la versión más humana de Cantona, alguien que durante sus años de futbolista parecía un pétreo ídolo al que sólo se le podía admirar u odiar, esa desmitificación acompañada de la humanización del francés es otro de los puntos interesantes de la película.

 

Looking for Eric no tiene por qué ser una película exclusiva para amantes del fútbol.  Es cierto que parte de la filosofía que defiende la utilidad del balonpie para crear en torno al balón toda una trama que finalmente resulta entrañable, reflexiva y divertida.  Porque al igual que (entre otros) la religión ayuda a muchas personas a seguir adelante, el fútbol también es un bastón sobre el que cientos y miles de aficionados se apoyan en momentos difíciles. Un báculo, un oasis cada vez más difícil de hallar. El estadio de tu equipo predilecto como una invitación a la celebración con amigos, a los cánticos, a la alegría, a la vía de escape del día a día en la oficina. Y es que lejos del glamour de los focos, de las galas y de los lujos, todos fieles guardaespaldas del futbolista arquetípico de la actualidad, debajo de todo eso laten al unísono cientos de corazones de aficionados en todo el mundo que se ven unidos por seguir a un mismo equipo sin importar de donde vengan ni a dónde van. Y ese logro, no se compra con dinero.

Acerca de Sergio G. Arias

Estudiante de Periodismo. Pienso, luego escribo. Colaborador en https://www.cineralia.com/ y Redactor en http://www.elfutbolesinjusto.com/ y http://www.loslunesseriefilos.com/

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