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Cómo entrenar a tu dragón 2. Más espectacularidad. Menos encanto

La historia de un jovencito inadaptado, torpón y solitario que se encuentra un dragón, el más veloz y temido, y cambia la relación de estas bestias con los humanos, conquistó muchos corazones.

Cómo entrenar a tu dragón lo hizo con razón ya que la película era una delicia desde todos los puntos de vista: la animación era brillante y la historia tenía emoción y una cierta reivindicación de la diferencia, de la adaptación del apartado, de la fuerza de la razón para vivir en comunidad.

Incluso, introducía maravillosamente el hecho de que un personaje heroico y de aventuras pudiera vivir su discapacidad con la máxima naturalidad.

El final de la primera parte, con el joven protagonista adaptándose con su pierna de madera en el engranaje de su dragón, fue sencillamente hermoso. Y reivindicó que en los nuevos tiempos, la Dreamworks apartaba las viejas brumas para modernizar las tramas de las películas de animación.

El film era una preciosa reivindicación del diferente, todo un alegato sobre la inclusión social. Además, enviaba un mensaje ecologista nada complaciente.

Y ahora ha llegado la segunda parte Cómo entrenar a tu dragón 2. Y ha pasado lo que suele suceder en Hollywood: todo bigger, todo mucho más grande, más espectacular, más cuidado formal, más acción, más de todo. También más tramas, más necesidad de sorprender, de diversificar. Y eso afecta al film.

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Evidentemente, Cómo entrenar a tu dragón 2 supera a la primera en espectacularidad, en grandiosidad, en virtuosismo animado pero se queda corta en emoción, en encanto.

La multiplicación de personajes y tramas dispersan la emotividad de éstos y su mensaje se limita a la superación y sustitución del padre.

Si la primera era una historia sencilla contada con talento y delicadeza, Cómo entrenar a tu dragón 2 es un film aconsejable para dejarse emocionar con la vista pero no con el corazón.

No importa. Siempre nos quedará el final de la primera parte para comprobar que un cine de animación moderno y que se atreve, es posible.

Lo mejor: El derroche de creatividad animada y la buena definición del personaje central.

Lo peor: Esa sensibilidad especial de la que hacía gala la primera entrega y que se ha perdido en su continuación.

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