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Crítica de Annabelle: la hija de Chuky y la muñeca pepona

Cierta desilusión por lo que pudo ser y no fue

En Annabelle, una pareja digna de protagonizar un anuncio– ella rubia, hermosa, sonriente y preñada y él alto y seguro – viven en un vecindario de clase alta. Son otros tiempos; él, seguro por la forma en que viven, se atreve incluso a dejar la puerta abierta; cosas de americanos. Tras pasar por la iglesia, que viene a ser como decir, vamos a resolver lo que pase por el método católico – si mi hijo vomita sangre no lo llevo al médico; llamaré al exorcista –, vuelven al hogar. Ahí el hombre, suspicaz como pocos, se percata de que su mujer está enfadada con él por una frase que acaba de decir. Resulta complicado acordarse de cuál fue, pero, al oírla, el espectador puede quedar asombrado por la delicadeza del guionista, sería algo así como: “tengo que pensar en mi vida; es lo más importante; yo”.

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En lugar de dormir en el sofá, aparece con el mejor regalo que alguien le puede hacer a otra persona, una muñeca con cara de contar como complementos un peine y una ballesta. La justificación del regalo es que será la nueva incorporación a la colección de muñecas de la mujer – todas ellas con pinta de ser la novia de Chuky, por supuesto –. Después llega una pareja de tarados seguidores de Manson – es de suponer que de ambos: Charles y Marilyn – y empiezan a dar puñaladas como si no hubiese un mañana. Tras su visita la muñeca acaba siendo un portal para un demonio cuyo mayor afición será molestar a la idílica familia.

La cinta falla, pero Annabelle no es ni mucho menos una mala producción de terror. Salvando determinados momentos de guion en los que la vergüenza ajena es palpable en la sala, la obra tiene un buen desarrollo. Una dirección correcta con planos difíciles de explicar en determinados momentos. Una buena música que sirve de correcto acompañamientos y actuaciones creíbles y agradables.

El problema de Annabelle se podría decir que son las normas. Al entrar en la sala se espera que se cumpla con determinadas premisas, pero estas se rompen según las necesidades de la historia – a algunos personajes no se les puede dañar, a lo que el guionista responde: ¿no?, mira, vas a ver como sí; la muñeca no se mueve u otras ideas que quedan un poco en el aire –. Además de esos puntos de incertidumbre, también puede resultar frustrante cómo se hacen algunas cosas: se ve más de lo que se debería, algunos sustos muy predecibles, y un final que puede saber a poco.

El mayor consejo con Annabelle es que es una obra completa, pero se le debe otorgar cierta reflexión. No es tan floja como puede parecer, y, en realidad, resulta ser una cinta de terror muy completa, pero, lo más importante, que nadie busque la esencia de los Warren, porque aquí no la encontrará.

Lo mejor: que entretiene

Lo peor: que debería hacer mucho más que entretener

Acerca de Cano Ballesteros

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