lunes , julio 16 2018
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The Equalizer: Denzel Washington y gente a su alrededor

Hit Girl se hace prostituta y el único enano que falta en este circo es Bruce Willis dando vueltas por los conductos de ventilación.

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Por la noche abre un bar. En él se dan cita las personas más fiesteras de la ciudad, un hombre que no duerme, sino que lee; una joven prostituta y un camarero, algo fondón, que recuerda lo que toman sus clientes. Jamás falta ninguno a la velada ni aparece nadie que no sea habitual. Mientras Denzel Washington pasea por sus libros, Chloë Grace Moretz le pregunta un poco al tuntún sobre sus novelas. Por la noche también se suceden situaciones incómodas cuando los clientes de la joven pasan por el local para recogerla. Un día, la chica no aparece tras un paseo con su jefe. Con el tiempo, Denzel la visita en el hospital, y esto pondrá punto y final a la paciencia del hombre que se decidirá a luchar contra media ciudad y también contra los rusos – siempre son los rusos –.

  • Denzel Washington vigila la ciudad. Es un Batman con reloj que salva gatos subidos a los árboles por rusos.

The Equalizer puede desilusionar por culpa de las pretensiones, pero hay que ser realista. Se trata de una película dirigida por Antoine Fuqua, responsable de Objetivo: la Casa Blanca con un guion de Richard Wenk, Los Mercenarios 2. Sabido esto, no se debería esperar una sesuda cinta que muestra la evolución de un duro vengador ciudadano, sino patadas mientras cosas grandes explotan. Aún así, el realizador se encargó en su día de Training Day, en la que también apareció Denzel Washington, pero se trata de cintas que luchan en distintas categorías fílmicas. The Equalizer es una película más plana en la que se recupera ese estereotipo que jamás se va del ruso malo – y es que antes con solo decir la nacionalidad del personaje ya se sobreentendía su papel de villano –.

En The Equalizer Denzel Washington, como casi siempre, realiza una gran interpretación de un papel que incluso se le queda pequeño y le faltaría algo más para ser un buen papel. Chloë Grace Moretz realiza sin dudas un buen trabajo, pero suceden dos cosas con ella. Primero, es Hit Girl, así que no es convincente que nadie le pueda hacer nada. Segundo, no resulta necesario en absoluto que su papel pertenezca a una menor de edad, incluso puede confundir. En caso de haber optado por que lo interpretara una actriz “más madura”, la película habría podido tener un tratamiento más cercano a la realidad, algo que le habría venido muy bien – en ocasiones, menos explosiones es más, aunque Michael Bay no esté de acuerdo –.

La cinta se resumiría como si el policía bueno de Training Day se uniese a los mercenarios para tomar el papel de De Niro en Taxi Driver, todo con un guion improvisado. Por sus escasas pretensiones de ser algo más que una película de palomitas, acaba resultando incluso algo larga; supera las dos horas de metraje. Algo de lo más molesto en esta película es lo que tarda en comenzar la acción. Se nos muestra un personaje y grandes planos como uno que da comienzo a la película; todo augura una producción alejada de las “típicas películas”.

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  • El problema surge desde que se da la primera patada, y es que ahí, “se abre el tarro de las bofetadas”.

El problema surge desde que se da la primera patada, y es que ahí, “se abre el tarro de las bofetadas”. Desde ese momento no hay quien lo cierre, y los personajes dejan de evolucionar, los villanos se vuelven todos rusos y todo quisqui en esta historia consigue una metralleta. El antagonista ni siquiera es tal, sino que la mejor forma de clasificarlo es como “el malo”. Odia el bien, y disfruta haciendo sus trastadas como matar a gente o ensangrentar el rostro de cualquier persona.

The Equalizer pierde coherencia mientras el circo se llena de enanos. Tareas que deberían ser cotidianas para los involucrados se convierten en graves problemas que se toman de forma personal. Las explosiones se vuelven demasiado comunes, y los personajes actúan de una u otra forma según convenga a la historia. La película intenta conseguir guiños inolvidables como el final de Un ciudadano ejemplar – que puede gustar o no – pero, en su lugar, logra momentos algo estúpidos. El punto álgido de estos intentos de llamar la atención sería el reloj. Denzel se dedica a cronometrar cosas. Estas no tienen por qué tener sentido. Igual mide en cuánto mata a un club de asesinos, que en cuanto se lava los dientes o cuanto tarda en tejer un jersey navideño. Lo que intenta demostrar el carácter minucioso del personaje, se convierte en un motivo de risa.

Denzel Washington vigila la ciudad. Es un Batman con reloj que salva gatos subidos a los árboles por rusos. Su protagonista se convierte al final en el mayor reclamo de una historia que pierde coherencia según aumentan las explosiones y el tiempo empieza a pasar cada vez más lento.

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