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Crítica de Escobar: el paraíso perdido de un narcotraficante

A Benicio del Toro le sale tripa y se pone a vender coca

Nick es un joven canadiense que pretende establecerse en Colombia. No quiere un piso, le basta con la jungla, como a Tarzán. Pretende dedicarse a dar clases de sur. Lo cierto es que no se plantea nada sobre su futuro además de tomar olas. De forma casual encuentra una chica y se enamora de ella. Tras tomar “un vaso de agua”, su amor queda correspondido. Después, ella lo insta a que acuda a uno de los discursos de su tío, Pablo Escobar. La siguiente vez que lo ve, pregunta a su amada una simple cuestión: “¿a qué se dedica tu tío?”. Ella, como si de carpintería se tratase, responde: “es narcotraficante”. El espectador se queda con los ojos clavados y piensa para sí: “pues lo más normal del mundo”.

Crítica de Escobar: Paraiso perdido

Escobar: Paraíso Perdido es una buena película. Su mayor problema es que la imponente presencia de Benicio del Toro parece prometer más aún. El actor resulta muy creíble en su papel. No se ve en él una amenaza constante, pero sí un peligro muy realista. Interpreta a la perfección a un personaje con mucha confianza y muy bien definido. Por otro lado, Josh Hutcherson se encuentra ante la compleja tarea de aguantar la película entera frente a su compañero. Pese a lo difícil de su trabajo el joven da el tipo. Crea un personaje que, tras diez minutos, hace olvidar su recurrente papel en Los juegos del hambre.

Andrea Di Stefano ofrece su primer trabajo como director. En muchos casos logra bastante soltura con la fotografía. La noche no es un estorbo en esta producción, sino que ofrece el ambiente perfecto para la acción. En ocasiones, se entretiene en exceso con planos que no dicen nada. La película podría haber conseguido cierta agilidad en caso de haberse decantado por tomas más cortas. El guion actúa a la perfección por su cuenta. Resulta realista y acierta en varias ocasiones con puntos muy graciosos y extraños – tras verlo, todos querrán que Escobar aparezca en su vídeo de boda – . También es trabajo del realizador el libreto.

La película resulta perfecta para aquellos que busquen un entretenimiento ligero. No se vuelve complicada y se desarrolla con mucho realismo salvo en contadas ocasiones. La historia de amor es un pretexto. El problema ante el que se enfrenta es que parece tener prisa por quitarse de encima el encuentro entre los dos jóvenes. En un par de citas y tres conversaciones se da por supuesto el idilio en la parejita. Además de cierta lentitud, a la película se le podría recriminar poca definición a la hora de definir en qué momento se desarrolla cada acción; la línea temporal no está bien concretada en ciertas ocasiones.

Resulta curioso que no cae en determinados vicios. No se deja llevar por la fiebre de las drogas. No son el tema principal; este papel queda reservado para el carácter más social del narcotraficante. Lo más complejo es determinar hasta qué punto es cierto el papel de Escobar. En ocasiones parece ser un Robin Hood, y, en otros momentos, el mayor fan de los Corleone y Scarface. Benicio del Toro regala una gran interpretación del papel, y en él se encuentra la mayor justificación de este cambio. Pese a ello resulta repentino, solo por la actuación resulta creíble.

Quien acuda en busca de grandes papeles y una cinta compleja y realista, puede sentirse traicionado al terminar Escobar: Paraíso Perdido. Los que pretendan un entretenimiento más ágil se toparán con algo más. En caso de solicitarle poco, satisface con creces al espectador, que solo podrá quejarse por cierta lentitud en momentos concretos.

Lo mejor: Benicio del Toro, y, por qué no decirlo, también Josh Hutcherson.

Lo peor: la historia de amor y el ritmo en algunas ocasiones.

 

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