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Crítica de Nunca es demasiado tarde. Oda a la soledad

Uberto Pasolini de la mano de A Contracorriente Films nos brinda esta semana un drama con algún que otro tinte de humor negro e irónico, eso sí puede mucho más la carga emocional que hay en el film.

En Nunca es demasiado tarde John May es un gran trabajador del ayuntamiento, cuyo cometido es encontrar a los parientes más cercanos de personas que acaban de morir. Pero todo puede que de un vuelco en su vida, cuando uno de sus casos, que pudiera ser el último, le hace plantearse muchas cosas de su día a día.

Crítica Cineralia de nunca es demasiado tarde

El personaje de John May (Eddie Marsan) rebosa nobleza y sensibilidad por los cuatro costados, en toda su interpretación y sobre todo en la mirada que hace que te enganches a él desde el minuto uno.

Nunca es demasiado tarde es una oda y canto a la soledad, a la inmersión interior de uno mismo, al distanciamiento de lo ajeno viviendo una vida mustia y sobria, para solo saber tejer los hilos de un trabajo que poco y mucho aporta al personaje: desolación por una parte y por otra saberse recompensado por el intento de dar un último adiós a la vida ajena, pero no indiferente, con respeto y dignidad.

Una historia conmovedora y sencilla sin mayores sobresaltos que aquellos que a uno le puede producir empatizar con un personaje tan humano y lleno de bondad, rodeado de una burocracia y sociedad que solo se mueve por interés. Una mirada al pasado donde las personas no eran números si no alguien a quien valorar.

El guión de Nunca es demasiado tarde está lleno de matices y de pequeños detalles que hacen de la simpleza narrativa y fotografía neutra y fría un gran trabajo, donde los sentimientos traspasan la pantalla al espectador, con esa mirada tan profunda como perdida del protagonista.

Hace poco veíamos a Eddie Marsan en un papel estelar de secundario en Filth el Sucio, pero ahora aquí en Nunca es demasiado tarde, es el protagonista principal, llevando toda la carga dramática a sus espaldas de una manera excelente, empacando con la historia y sus gestos a la perfección y reflejando la soledad en sí misma y en todo su cuerpo.

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Nunca es demasiado tarde, es de esas pequeñas películas con temática profunda e impactante que hace que estés sobrecogido durante todo el metraje, donde el más mínimo detalle afecta al espectador, y sobre todo que hace reflexionar sobre el sentido de la vida y sus vertientes, valorando lo cotidiano y lo que nos rodea.

No se trata en la película la muerte en sí, si no la esencia que es la vida, la familia y la amistad, la necesidad de comunicación del ser humano, para sobrevivir en un mundo a veces tan frio y hostil. Además el guión esconde una pequeña gran crítica a la burocracia del sistema y tomar a lar personas como meros elementos de la sociedad y no como personas con un pasado, presente y futuro.

 

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