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Crítica de Magia a la luz de la luna

Woody Allen regresa a la comedia tras la pausa dramática de Blue Jasmine, y lo hace con una película agradable, en ciertos momentos tierna y que se disfruta desde los primeros minutos hasta el final.

Crítica de Magia a la luz de la luna

Sí que hay que destacar algo importante de Magia a la luz de la luna, y es que el director neoyorquino ha perdido algo de originalidad o creatividad respecto de las últimas comedias realizadas, las cuales, han sido pocas dicho sea de paso. Lejos quedan los tiempos de la Maldición del Escorpión de Jade y Scoop, cintas de las que Allen se sirve para traernos esta Magia a la luz de la luna. Con su nuevo proyecto pretende situarse en la línea de estas dos cintas, pero no consigue ser tan brillante como en esas anteriores.

Aun así, independientemente de esto que no es más que una visión personal, Magia a la luz de la Luna no deja de ser una película bonita y de esas con las que se pasa un rato estupendo, especialmente gracias a la pareja Colin Firth y Emma Stone. Tengo la sensación de que ambos actores están muy por encima de lo que luego es el contenido del film.

La esencia de la misma es una historia de amor, protagonizada por Stanley (Firth) un hombre que, cuando se sube al escenario, adopta la identidad de un ilusionista oriental llamado Wei Soon Loon, famoso en el mundo entero. Stanley es alguien muy racional, muy lógico. En su mundo solo cabe el orden, las pautas, todo lo demás es absoluto Caos. Para Stanley, todo en el Universo tiene explicación, no existen el más allá ni los espíritus ni los asuntos paranormales. Su existencia se basa en una zona de comodidad compuesta de estos elementos, una zona de la que no se sale bajo ningún concepto, pues eso significaría que nada es como él piensa.

A la hora de tratar con los demás, resulta sarcástico, odioso y además transmite pesimismo a todo aquel con el que se encuentra (su autor favorito es Nietzche).

Pero Stanley además disfruta desenmascarando a magos farsantes, y a aquellos que presumen de ser videntes. Y todo ese mundo perfecto de racionalidad y conocimiento científico se viene abajo cuando conoce a una joven vidente (Emma Stone), una chica de la que se enamora desde la primera vez que la ve. “¿Es racional amar su sonrisa, esos preciosos ojazos?” se pregunta Stanley.

Poco a poco, la chica le demostrará que el mundo, aunque sea difícil y trágico en muchas ocasiones, no está exento de la existencia de la Magia. ¿Y cuál es esa Magia? El Amor. Algo que no se puede explicar a la luz de la razón.

Magia a la luz de la Luna es una película bonita, divertida y una buena apuesta no solo para los fans de Woody Allen sino para todos aquellos que quieran pasar una tarde relajada en el cine.

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