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Crítica de Interstellar. Sobre la gravedad

Aventuras en el espacio

El film de Christopher Nolan consigue mi rendida admiración pero no mi afecto

Después de leer y escuchar mucho sobre Interstellar, la última película de Christopher Nolan, lo que no es bueno en el momento de enfrentarse a ella, me encamino a la sala de cine con la misma ración de expectación que de pereza. Vamos a comprobar qué ha hecho el autor/director con una aventura especial sobre un mundo que se va pudriendo poco a poco. Y hablo de pereza por mis problemas con el creador cuando se dedica, en algunas de sus obras, a mirarse descaradamente el ombligo, a sacar pecho sobre su talento o a ponerse de una gravedad densa y cloromórfica.

De Nolan admiro tantes obras como denosto otras. Me entusiasma Memento o El Caballero Oscuro, me gustan Following o Insomnia o La Leyenda Renace y me irritan sobremanera Origen y Batman Begins.

Sabemos de la densidad que Nolan gusta e incluso de su forma de configurar un cine comercial con ínfulas autorales, lo que me se me antoja especial aunque, a veces, se le va la mano y el proselitismo y la pretenciosidad inundan sus imágenes. Siempre he admirado, eso sí, su pulcra y extraordinaria capacidad de poner en imágenes cualquier línea de diálogo con un virtuosisme único, al alcance de unos cuantos narradores superdotados.

“Interstellar cautiva mi admiración pero no atrapa mi afecto”.

En la gravedad está el nivel de mi conexión cinéfila con él. A veces, me supera; otras, me atrae. Estoy con él como en el interior de una nave ingrávida, subiendo y bajando tras un boli que flota. A veces, toco el techo y otras me caigo con él al suelo.

interestelar

Con Interstellar, parecía que la gravedad (leitmotif de la historia) tocaría límites nunca vistos en el autor pero no es así. Aunque Nolan pretende explicar la más grande odisea del hombre moderno (con el viaje de un héroe que traerá la normalidad a su regreso) y que ésta se sitúe con un planeta en agonía y los más alto conceptos científicos en jaque (que el 97% de la platea no entenderá y él lo sabe), la historia fluye con más deseo de configurar un gran blockbuster de calidad que de origirse en una reflexión definitiva sobre la existencia.

Es cierto que Nolan no ahorra filosofías ni conceptos científicos sobre dimensiones, gravedades y demás, pero su forma de expresarlos en Interstellar es más limpia y menos pedante, quizá por rebajar complejidades ante una terminologia y conceptualidad tan densa. Sea como fuera, incluso el toque emotivo del tramo final de la historia tiene algunas connotaciones un tanto simplonas, dentro del laberinto de nociones que nos expresa la cinta.

Interstellar no me irrita, me gusta, me entretiene alegremente y me hace admirar de nuevo su extraordinario talento como narrador. Aunque no capture mi emoción, aunque se me olvide tan rápido como la vi. No sé si es justo con su esfuerzo y su talento pero Interstellar cautiva mi admiración pero no atrapa mi afecto.

Lo mejor: Christopher Nolan es un grandísimo creador de imágenes y narraciones.

Lo peor: Un Mathew McConaghey.

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