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Crítica de Las ovejas no pierden el tren

Crítica de Las ovejas no pierden el tren

La película está dirigida por Álvaro Fernández Armero y protagonizada entre otros por Raúl Arévalo, Inma Cuesta, Candela Peña, Alberto San Juan y Kiti Manver.

Está claro que la audiencia reclama cintas de corte cómico, o así lo entienden los directores o lo define nuestra taquilla, otra cosa ya más plausible es que consigan llegar a buen puerto con ese género y que impacte tal y como pretenden en los espectadores.

Las ovejas no pierden el tren con guión y dirección de Álvaro Fernández Armero abarca ese género, la comedia romántica, pero para poder decir algo beneficioso de la cinta nos tenemos que pasar a profundizar en la carga dramática de las historias que contiene el film, que son bastantes y para mi gusto lo más relevante. En definitiva no deja de ser una historia coral, que rodea a una pareja y su vida.

Luisa y Alberto ahora viven en el campo, la crisis ha hecho que si vida cambie y tengan que buscar un lugar más económico para sacar adelante sus trabajos, por parte de Alberto invertir su tiempo en escribir una nueva novela, y Luisa seguir con su academia de costura que su trabajo le está costando mantener. Las crisis personales les rodean, las propias y las de sus familiares y tienen que lidiar con ese temporal para salir adelante. Lo que no saben es que al final el propio campo y la naturaleza les darán la solución para encontrarse ellos mismos y su felicidad.

No es la primera vez que nos ocurre esto en nuestro país, pues sin ir más lejos, si nos paramos a pensar por ejemplo en títulos como pueden ser La gran familia española, 3 bodas de más o La vida inesperada, todas, incluida Las ovejas no pierden el tren, tienen algo en común: que de algo cotidiano que son la relaciones personales y los gags cómicos que pueda haber en cada film lo que más resalta es la profundidad dramática escondida en cada uno de los personajes, eso sí, dibujados con más o menos o gracia para gusto de cada persona en su butaca.

El guión ahonda en la crisis, en las redes sociales (a las cuales hace repetidos gags), la falta de entendimiento y la necesidad de hablar. Los personajes a priori están dibujados un tanto superficiales, con el materialismo y el deseo por encima de todo, pero a medida que la trama avanza se abren, y se muestran tal y como son con sus pros y sus contras, luchando contra la vida y las necesidades cotidianas. Tampoco os penséis que plantea algo totalmente trascendental, pero si uno se fija en esa faceta de la película le puede encontrar el sentido e incluso la gracia a la parte cómica, que tampoco es que sobresalga en demasía.

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Al final uno se da cuenta, que incluso somos capaces de reírnos hasta de nuestras propias desgracias, aquí en Las ovejas no pierden el tren, la desgracia es no querer reconocer las cosas y vivir en un limbo más que absoluto sin tener los pies en el suelo. Muchos de los personajes viven como si tuvieran 15 años en cuerpos de 40 y de verdad que el retrato es algo así como patético, pura crítica a la sociedad que no quiere adaptarse a los tiempos, o que se adapten demasiado pero sin perspectiva, y que los años pasen con naturalidad.

Las actuaciones por momentos parecen extremas buscando lo cómico y eso parece un tanto forzado, cuando ya pasamos a la segunda etapa cuando los personajes están presentados y se van desnudando a la cámara, su actuación mejora. Miedo me da encasillar a Raúl Arévalo en un eterno personaje en busca de su identidad, como le pasa en La vida inesperada y aquí, aún así su actuación contenida me convence y me trasmite con su partenaire Inma Cuesta, por supuesto sin estar a la altura de su papel en La isla Mínima.

Pero he de reconocer que lo mejor de Las ovejas no pierden el tren es la actuación de Kiti Manver, esa eterna secundaria que inunda cada plano sin tener ni siquiera que abrir la boca.

 

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