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Crítica de A todo gas 2. Aquí no hay lazos familiares

En la segunda parte de la saga más rápida y más furiosa se siguen realizando diferentes cambios antes de tocar en la tecla clave en su cuarta entrega

A todo gas 2En el año 2003, la saga de A todo gas volvía a nuestras pantallas con una segunda parte, A todo gas 2, en la que podíamos advertir numerosos cambios. Desde su director –John Singleton recogía el testigo de la mano de Rob Cohen-, hasta sus protanistas, a excepción de Paul Walker, y sus emplazamientos e historia. De esta manera, se pretendía dar una nueva ráfaga de aire fresco a la historia pero sin cortar por el cordón umbilical, es decir, manteniendo la unión entre la primera y segunda parte a costa de Walker.

En este sentido, esta vez el filme lo protagonizan el propio Walker, Tyrese Gibson, Eva Mendes y Ludacris, entre tantos otros, y la acción se traslada a la zona de Los Angeles, lejos de poder encontrarse con Vin Diesel, Michelle Rodríguez o Jordana Browster.

No obstante, en contraposición a su primera parte, en esta secuela podemos advertir notables mejorías. En primer lugar, lo más llamativo es la mejora visual de la cinta, aún contando con menor presupuesto que su predecesora. Además, aunque en esta ocasión el filme no se centre tanto en las carreras ilegales, también se eleva sobradamente el nivel en las escenas de conducción, dejando de lado las líneas rectas y apostando más por los frenazos y las curvas; en definitiva, por la espectacularidad (que poco a poco se va adueñando de la saga).

De igual manera, si la película gana en las escenas de conducción y visualmente, también es menester señalar que la ausencia de Diesel hace que se pierda el valor del sentido de la familia, el cual es parte sustancial de toda la saga, a excepción de esta cinta.

Asimismo, si esta secuela es casi en su totalidad diferente a su predecesora, al final de sus 100 minutos de metraje no da pie a que se haga una tercera parte, pero ahí ya es donde entra el cineasta Justin Lin y donde todo empieza a cambiar.

Así, en esta ocasión, la historia se centrará en como Brian O’Connor, a petición de los agentes de aduanas, se une a Roman Pearce (Tyrese Gibson), un antiguo amigo de la infancia con el que tuvo problemas a raíz de su ingreso en el cuerpo de policía, para detener a Carter Verone, un empresario que utiliza su negocio como tapadera para un cartel internacional de blanqueo de dinero.

¿Y a vosotros os habría gustado qué Vin Diesel hubiera estado en A todo gas 2?

2.5
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