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Crítica de El vigilante nocturno (1994) El debut de Nikolaj Coster-Waldau

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La cinta es un thriller que prioriza el factor psicológico sobre el sangriento

A escasos días del regreso a televisión de Juego de Tronos (el 12 de abril en Canal + series con su quinta temporada), resulta curioso investigar los primeros pasos que dieron algunos de sus actores en la Industria. Uno de ellos es, probablemente, uno de los más carismáticos de la ficción de George R.R. Martin llevada a la pequeña pantalla. Se trata de Nicolaj Coster-Waldau, actor danés que interpreta a Jaime Lannister (“El matarreyes”). Su debut tuvo lugar en su país en el año 1994 con un thriller de terror y psicológico titulado El vigilante nocturno. Aquel largometraje de 107 minutos, también supuso el debut para su director (Ole Bornedal) que recientemente ha escrito y dirigido la notable serie de televisión 1864 (drama histórico con tintes bélicos enmarcado en los sangrientos conflictos europeos de siglos anteriores centrado en la historia de un trío amoroso).

El vigilante nocturno es un filme claramente favorecido por el lugar de su concepción, al igual que una persona es más o menos afortunada según el punto geográfico (y el contexto social, político y económico que ese sitio conlleve) donde nazca. Y es que si hubiese sido una película de cine norteamericano, en lugar de europeo, probablemente no habría sido considerada de culto ni levantado tanta expectación. De hecho, el mismo director lanzó dos años después un remake en EEUU protagonizado por un curtido Ewan  McGregor (que ya habia protagonizado la mítica Trainspotting, entre otras) y no alcanzó tanta aprobación. Quizás porque tuvo que adaptar sus maneras a las del cine norteamericano, por lo general menos sutil y aficionado a los finales abiertos. Otro detalle a favor de El vigilante nocturno original de 1994 es la significación que dota a los objetos y lugares (como por ejemplo, a una sala o a una alarma), un factor indispensable para recrear una atmósfera de suspense, tan necesaria en este tipo de filmes.

Hay distintos caminos para llegar a causar el terror y el horror al espectador. Uno es la muestra de imágenes impactantes y sangrientas y el otro (o uno de ellos) es priorizar los detalles psicológicos para intentar adentrarse en la mente del que lo esté viendo. Lo que más destaca en El vigilante nocturno no es su desenlace (que se conoce incluso quizás demasiado antes de que termine la cinta) ni sus fotogramas sangrientos (teóricamente tan propios de las películas slashers, al menos de las filmadas en EEUU). Es precisamente esa atmósfera tan europea del norte, fría y de tensión que recorre la espina dorsal del espectador mientras la contempla. Algo que no se puede reproducir ni con todos los sobres de kethchup del mundo. El vigilante nocturno se confirma, por tanto, como una película que hace del camino el verdadero placer en lugar del destino al que nos dirigimos.

Sinopsis de El vigilante nocturno (1994, filmaffinity.com):

Martin necesita un trabajo que le deje suficiente tiempo para estudiar, así que no duda en aceptar de inmediato el puesto de vigilante nocturno en la morgue de un hospital. El viejo vigilante se jubila por razones que no termina de dejar claras. Para Martin es el trabajo perfecto; sin agobios ni jefes y con suficiente tiempo para seguir sus estudios de derecho. Mientras celebra la noticia, el presentador del telediario anuncia que un misterioso psicópata, conocido por sus sanguinarios crímenes, ha vuelto a provocar muertes… En la morgue, silencio sepulcral seguido de ruidos extraños, sombras en la oscuridad de la noche y un sentimiento de terror que se palpa en el aire; son algunas de las cosas que Martin vivirá en su nuevo trabajo.

Acerca de Sergio G. Arias

Estudiante de Periodismo. Pienso, luego escribo. Colaborador en https://www.cineralia.com/ y Redactor en http://www.elfutbolesinjusto.com/ y http://www.loslunesseriefilos.com/

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