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Girlhood. No hay cuento de hadas, ni muñecas con las que jugar

Llega a nuestras carteleras una nueva propuesta francesa de la directora Céline Sciamma que cierra su trilogía tras Los lirios del agua y Tomboy.

Junto a Girlhood las tres películas abordan los problemas que rodean la adolescencia.

Crítica de Girlhood

Marieme no se siente cómoda en su casa, las presiones cada vez son mayores, y no encuentra su punto de libertad para lo que ella quiere hacer, demasiadas responsabilidades para su edad. Pero la opresión no es solo en su casa en la calle también la vive, hay unas leyes que parecen que tienen que cumplir, y ella está en un momento distinto pues acaba de unirse a un grupo de chicas y quieren independencia y ser libres. Con este nuevo rumbo en su vida todo cambia, su nombre, su manera de vestir y de vivir, ahora sentirá el aire de la calle, con lo que ello conlleva, la libertad lleva implícito un precio además de la amistad, la violencia, las envidias y los rencores. ¿Logrará cambiar finalmente su vida?

Aquí en Girlhood no hay cuento de hadas, no hay muñecas con las que soñar y jugar, hay vida con la que bandearse y sobrevivir, creciendo y madurando a base de golpes, la de la cruda realidad que se aglutina en las vidas de las protagonistas a salto de batallas callejeras donde el aire curte y las palabras cortan.

La rebeldía es la gran fuente de inspiración en el guión pero también la búsqueda de la propia identidad para bien o para mal, el saberse valorado por los demás y salir de esas trenzas que la tienen esclavizada en una infancia que no le gusta vivir, esto último en concreto el de la protagonista principal, que tiene una gran seña de identidad, una mirada de fuego que pasa de la timidez a la presión del contrario en décimas de segundos.

Se retrata además un mundo machista que relega a las mujeres a un segundo plano, tanto en la calle como en la casa, hay mucho de reivindicación de igualdad en el guión, de superar los status impuestos por la sociedad años atrás. Aunque incluso por momentos las escenas encierren y dejen entrever incluso algo más, algo que va más allá de lo que vemos o percatemos, puede que no sea en ese momento, pero si en otros tiempos, opresión y agresión para imponer unas normas, pues el miedo se ve reflejado en la mirada de la protagonista.

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Las secuencias que hay en el hotel de esas cuatro chicas jugando con su imaginación a ser quien no son, son el fiel reflejo de la insatisfacción personal que llevan dentro, esas tomas son de las más íntimas que hay en el film, y sí ya las fusionamos con la canción de Rihanna, Diamonds, el golpe de efecto visual y sensorial es mucho mayor y le da una calidez al film espectacular.

La directora ha sabido trasmitir a la perfección lo que se vive en los suburbios parisinos, ella se crió en ellos y ha sabido rodearse de naturalidad para mayor efectividad escénica, los actores no son profesionales, si no gente corriente que vive en sus carnes lo que quiere reflejar, algo que así es mucho más fácil de manejar y de enfocar en las actuaciones.

 

 

Acerca de Susana Peral

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