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Asterix: La residencia de los Dioses. Muy divertida, entrañable y profunda

Crítica de Asterix: La residencia de los Dioses.

“La Galia. Año 50 A.C. Toda la Galia está ocupada. ¿Toda? No, una pequeña aldea sigue resistiendo al invasor”, una aldea de Galos irreductibles y entrañables que son atemporales, unos personajes que regresan a la gran pantalla para darse a conocer a nuevas generaciones, para que sus historias nunca se olviden. Asterix, Obélix, Idefix, Panorámix, Abraracurcix, y todos los demás personajes de siempre vuelven con una de sus aventuras clásicas.

Crítica de Asterix: La residencia de los Dioses

 

Soy consciente de que Asterix: La residencia de los Dioses se estrena en una semana complicada por el aterrizaje de un conocido equipo de superhéroes, pero aun así, estos Galos también son Héroes, lo son desde hace mucho tiempo y se merecen un sitio en el podio de las películas más vistas del año. Por mi parte, me alegro de que además se trate de una cinta de animación por ordenador, ya que supone una vuelta a los orígenes, las páginas de los cómics, tras los fracasos de las últimas apuestas con actores reales.

En esta ocasión, los fans y los neófitos visitaremos la Residencia de los Dioses, un complejo de viviendas de lujo ideado por Julio César para acabar con nuestros protagonistas y su aldea. Para construir este residencial, César recurre a un joven y estresado arquitecto llamado Anguloagudus, cuyos edificios son conocidos por no haberse derrumbado aun. El establecimiento de la Residencia de los Dioses supondrá más de un dolor de cabeza a Astérix, quien contempla impotente cómo sus conocidos y amigos sucumben a la codicia importada de Roma, cuando la aldea se convierte en una suerte de mercadillo de antigüedades, lo cual hace que los habitantes renuncien a su identidad por el progreso económico.

Una historia que podemos pensar que es muy simple, pero en el fondo encierra una profundidad que seguramente a más de uno no le pase desapercibida. Una historia que es muy real. La codicia y el miedo al progreso están muy presentes en cada una de las escenas. Por supuesto que el progreso no es malo, sencillamente hay que llevarlo con cabeza y precaución.

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Independientemente de esto, se trata de una cinta que hará las delicias de los seguidores de Asterix y espero también que de muchos otros que aun no hayan visitado esta particular aldea. Personalmente, el film me ha gustado mucho no solo porque respeta la esencia del cómic, sino que además incorpora un elemento de ternura reflejado en la amistad de Obélix  e Idéfix con un pequeño romano llamado Zumus de Manzanus, un niño que sueña con conocer a Hércules, y que nos regala momentos cómicos realmente geniales.

Espero que esta cinta consiga su merecido éxito y que todos los que quieran verla se  lo pasen fenomenal. Seguro que la veré muchas más veces.

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