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Crítica de Spare Parts (Sean McNamara, 2015)

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Spare Parts es un drama inspirador sobre la inmigración en EEUU

El séptimo arte es contexto. Incluso los filmes que tratan ingenuamente de retratar una época futura, son el testimonio y la visión de alguien enmarcado en un tiempo muy concreto. Por eso las películas son como un marco digital de fotogramas al pasado y largometrajes como Spare Parts (Sean McNamara, 2015) son producto de esa evolución de los tiempos y la contextualización.

Hemos dejado muy atrás los rancios westerns demonizando a los de piel bronceada. E incluso las típicas películas Disney dirigidas a un público infantil sobre un niño imperturbablemente norteamericano que peleaba contra las inclemencias para construir su coche de carreras y ganar la competición automovilística del distrito. Ahora las grandes productoras estadounidenses como Lionsgate (en cooperación sorprendente con la mexicana Televisa) son conscientes de la realidad que le rodea. Y así fue como Spare Parts fue concebida. La película trata sobre el drama de la inmigración en EEUU otorgando además un papel importante a esos habitantes de habla hispana que en su creciente mayoría tienen el poder incluso de provocar la mudanza de senadores a la Casa Blanca (el caso Obama). Su director lo hace además con un habilidoso juego de manos, alternando y equilibrando el drama con situaciones cómicas y un ambiente más liviano para el espectador.

Spare Parts es como un zumo. La mayor parte de su composición es drama (apuntalado además por el hecho de ser una historia basada en hechos reales) pero también otorga un porcentaje importante a la pulpa cómica. El resultado es una crítica social suavizada hacia la implacable burocratización que amenaza todo talento por el simple hecho de ser humanos pero no tener un papel que “lo certifique” pero también un filme inspirador. Ahora el niño norteamericano con pecas y peinado con la raya al lado son unos adolescentes “menos perfectos” estéticamente que pelean por sus sueños pero en un contexto donde el daño es real y no hay balas de fogueo. Pero incluso en la mayor oscuridad siempre hay un fino y valeroso rayo de luz que se escapa por una rendija a ritmo de la BSO de La Gran Evasión.

Acerca de Sergio G. Arias

Estudiante de Periodismo. Pienso, luego escribo. Colaborador en https://www.cineralia.com/ y Redactor en http://www.elfutbolesinjusto.com/ y http://www.loslunesseriefilos.com/

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