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El hijo bastardo de dios de Martín Garrido Ramis

El director Martín Garrido Ramis se ha especializado en el género de thriller.

El hijo bastardo de Dios es su cuarta película y vuelve a incidir en ello.

Andrés es funcionario en el ayuntamiento de su pueblo, Alaró, Mallorca. Es un sitio pequeño donde todos se conocen. Su vida es monótona y además se siente un poco desplazado por todo el mundo debido a la discapacidad que tiene, tiene una cojera que le hace inclinarse mucho al andar. Vive con su madre, que es paralítica y es algo que no le ayuda, pues la convivencia no ha sido buena. Andrés quiere encontrar la felicidad y por ello planea algo…

Crítica de El Hijo bastardo de dios

Incluir en una película demasiadas temáticas a veces nos puede llevar a confusión, bien es verdad que aquí en El hijo bastardo de Dios, hay algo que destaca por encima de todo y es el incidir en el comportamiento de la mente humana, pero luego ahonda en el porqué de esas reacciones, y ahí es cuando, no es que desvaríe, si no que se dispersa un tanto y nos vamos en cierta manera de contexto.

Lo que nos parecen unos deja vu para el protagonista, y que en cierta forma son como sueños interpretados fuera del guión, son lo que el personaje piensa o su conciencia tiene de fondo, pero a veces no cuadra con lo que hay de primeras, parece demasiado a priori, aunque no se podría descartar que cualquiera lo pudiera pensar. De hecho la lentitud del metraje hace que el espectador especule sobre lo que ve anticipándose a la realidad que se plasme posteriormente.

Hay que reconocer el mérito de la imaginación de esas críticas al sistema y de la forma que se hace: con el ser humano como mercadería pura y dura, como si un trozo de carne se tratase, nadie podrá decir que en los tiempos que corremos no se haya sentido así en algún momento, pero resulta duro el visionado.

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Y además lo anteriormente mencionado por momentos parecen recreaciones teatrales y que en cierta forma te sacan de la ambientación de la trama principal, pero que influyen en ella, es un puzle un tanto descabezado que no toma cien por cien forma hasta el final del visionado y eso hace un poco cuesta arriba el metraje de la película.

La perversión y el maquiavelismo es algo en lo que insiste mucho el director en El hijo bastardo de Dios, lo retorcido que podemos llegar a ser el género humano y los límites insospechados que alcanzan las miserias del mismo.

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