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Mandarinas. El poder de persuasión de la palabra ante los hechos

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Una de esas películas que a uno se le antoja casi de visionado obligado.

Crítica de Mandarinas.

Haber sido nominada a Mejor película de habla no inglesa en la pasada edición de los Oscar puede avalar su estreno, pero realmente lo que marca su puesta de largo en cartelera en su gran magnitud humana en un guión sencillo pero arrollador, y no es otra que Mandarinas de Zaza Urushadze.

Crítica de Mandarinas

Corren los años 1990 y una Georgia busca su independencia. Muchos han huido pero Ivo, estonio, ha decidido quedarse en su pequeño pueblo para terminar la recolección de la cosecha de mandarinas de su amigo Margus, y mantenerse al margen de los conflictos políticos. Pero el destino querrá que dos bandos se enfrenten allí, y una persona de cada uno de ellos sobreviva pero queden malheridos. Ivo se hará cargo de ellos pero tendrá que lidiar para que la guerra se quede fuera de su casa.

Mandarinas, es de esas películas que a uno se le antoja casi de visionado obligado para poner en bandeja muchas cuestiones sobre las guerras y los bandos, sobre la capacidad y límites del ser humano ante ellas.

Aunque algunos de los personajes contenga rencor en su interior, la base principal del guión de Mandarinas es la humanidad y la comprensión, no hay cabida a sentimientos donde la maldad puedan dar sentido a la vida, todo lo contrario, solo la positividad de los hechos son los que dan sentido a seguir adelante.

Deliberar entre cuadro paredes sobre las consecuencias de las guerras, de los ganadores y perdedores, si en alguna ocasión hay de los primeros, no es tarea fácil, pues siempre el alma humana pierde algo cuando realiza algunos hechos y con el tiempo le pasa factura. Aquí se ve como los personajes con sus ideas férreas poco a poco se van contagiando del pacifismo, del neutralismo vital del protagonista principal hasta encontrarse así mismo y verse reflejados en los contrarios, sobre todo al ver las reacciones extremas de otros que no gustan.

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La ambientación y actuaciones son muy buenas, pues reflejan la soledad de ciertas personas y la dependencia de otras con respecto a unos pensamientos, todo bajo el claro matiz de la posesión y obsesión de la verdad según cada uno, pero viendo como las conversaciones darán lugar a ejercer el buen juicio incluso en esos momentos, en los que uno tiene nubladas las ideas por el odio y el rencor.

Un ejercicio de educación la del protagonista principal, con su sensatez y su sencillez lleva a buen puerto las mentes de dos personas enfrentadas por sus ideas férreas. Ahí entra el poder de persuasión de la palabra ante los hechos.

 

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