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Las altas presiones. Sencillo y acertado homenaje a lo cotidiano

¿Vivimos por inercia?, ¿nos influye el pasado tanto que siempre volvemos a él?

Son preguntas que se quedan en el aire y como fondo en Las altas presiones, un sencillo homenaje a lo cotidiano, a lo vital, a todo aquello que sale del alma y se busca en cada instante.

La dirección corre a cargo de Ángel Santos habiendo conseguido en el Festival de Sevilla: Premio Jurado Campus “Las nueva Olas” a la mejor película.

Crítica de Las Altas presiones

Miguel vuelve a su tierra, Pontevedra, no es un viaje de placer, va en busca de unas localizaciones para rodar una película. Aunque está trabajando aprovechará para ver a viejas amistades y recordar aquellos anhelados tiempos de adolescencia. El intentará recuperar algo del pasado pero ya no está a su alcance, perdió su oportunidad, siempre llega tarde, ahora bien, puede que el tiempo no se dé por perdido pues conoce a Alicia, una joven enfermera con la que congenia desde el primer momento. La cámara de Miguel recogerá todos esos parajes necesarios para su trabajo pero también para el recuerdo y la morriña que hay en él.

Las altas presiones es el viaje al interior del protagonista, de sus sentimientos y de sus carencias. El director Ángel Santos ha conjugado sencillez con extraordinario en un guión sin mayores apariencias, sin dobleces pero con muchos recovecos donde esconderse y de donde sacar.

La tristeza aquí actúa de magnetismo con el espectador, pues esa mirada perdida que la cámara encuentra en el personaje principal, le da el eje de ruedo para tramar y buscar un desenlace a su medida, ni alto ni bajo, todo en tonos pausados y calmados que hace juego con el semblante errático que tiene el personaje desde el comienzo.

La película habla de la crisis, pero de la existencial sobre todo, sin dejar de lado lo económico que la enfoca en distintas ocasiones. Aborda los precipicios emocionales que cada uno tiene en ciertos precipicios y momentos de la vida, de las decisiones a tomar y la razón de cada una de ellas. Es profunda e intensa en su fondo, pero liviana en su forma y por ello uno se deja arrastrar por las imágenes y lo contienen.

Destacar la actuación de Andrés Gertrúdix, actor camaleónico que se desenvuelve con gran solvencia ante la cámara, arrastrándola hacia él, atrayéndola cuál imán, empatiza con la misma y con el espectador, trasmitiendo al máximo incluso en las partes más livianas de la cinta.

Acerca de Susana Peral

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