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Hannibal. Exquisito, fenomenal y fascinante inicio de la tercera temporada

Tercera temporada de Hannibal

La serie de Bryan Fuller se agiganta a cada capítulo y se hace más culta, más sofisticada, más terrorífica en cada uno de sus operísticos movimientos

Muchos no creyeron que bajo la sombra de Anthony Hopkins pudiera crecer algo fresco. La memorable interpretación del británico del profesor Hannibal Lecter en El Silencio de los Corderos convirtió al personaje en un icono contemporáneo de la maldad inteligente y, lo más extraordinario, lo hizo popular, aceptado por la gran masa de espectadores, querido. Despertó en nosotros nuestra curiosidad, nuestra fascinación, nuestra crueldad escondida.

Que Hopkins había quemado el terreno tras Hannibal (la incomprendida película de Ridley Scott donde se percibía el aroma de ópera macabra que ahonda Fuller en el primer capítulo de la tercera temporada), parecía validado tras la fallida El Dragón Rojo y definitivamente probado tras la errática Hannibal Rising.

Cuando Bryan Fuller propuso una serie de televisión sobre el personaje, muchos pusieron el grito en el cielo. Pero la propuesta de Fuller, que ha ido convenciendo a los excépticos progresivamente, era diferente, original y con un tratamiento inicial del personaje que lo alejaba de lo que habíamos visto en la gran pantalla. Fuller, además, ha apostado por una serie que ofrece una estética diferenciada, enjundiosa, cercana a la abstracción y una narración que no evita la complejidad psicológica, la introspección casi freudiana, lo malsano, lo tenebroso. Su producto no es cotidiano, es extraño, profundo, con una clara voluntad de bucear en las oscuridades y miserias de la psique y la condición humana. Así han discurrido las dos primeras temporadas que han ido situando en el epicentro de la narración al profesor Lecter, quién desde una posición secundaria ha ido adquiriendo el absoluto y máximo protagonismo.

Crítica de Hannibal, tercera temporada:

Tras el sanguinario desenlace de la segunda temporada, el primer capítulo de la tercera que acabamos de ver gracias a AXN no nos ha podido dejar mejor regusto. La fascinante relación entre Lecter y su antigua psiquiatra ha presidido esta nueva puesta en escena en la que se ha llegado al cénit de la elegancia, la exquisitez visual (de la mano de Vincenzo Natali), la perversión y la diversión estética. Envuelto por escenarios operísticos de la Florencia más refinada, Lecter convive con su expsiquiatra, con quién juega a su implicación en los macabros asesinatos y posteriores ágapes del doctor.

Este primer capítulo nos devora como una pesadilla, siendo una dantesca representación de una perversión vital sin límites morales y una lisérgica reflexión sobre la muerte, la dominación y la antropofagia como acto de superioridad.

Fascinante, inaudito, de culto, memorable.

Hannibal nos ha comido ya por dentro y no nos hemos dado ni cuenta. Estamos a sus pies. Que haga lo que quiera con nosotros.

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