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Crítica de El Secreto de Adaline. Historia de amor envuelta en la belleza eterna

La película peca un poco de empalagosa y con una gran carencia de pasión, aunque cumple con el objetivo de entretener.

Alguna vez en la vida se nos puede pasar por la cabeza el echo de ser inmortal, ser un gran testigo de la historia y tomarnos esa inmortalidad al límite, se me ocurren infinidad de cosas por hacer, sobre todo de esas que siempre nos dicen que no debemos de abusar.

En El Secreto de Adaline es todo lo contrario, se nos muestran más los contras de una vida infinita, los tiene seguro más que pros, aun así se echa de menos ver a la protagonista vivir como si no se fuera acabar. El tema es atractivo no cabe duda y cuando se plantea, el cerebro de manera casi instintiva empieza a reflexionar en cómo la propia persona plantearía una vida para la eternidad, como cuando se sueña que haríamos con un premio sustancioso de la lotería.

Crítica de El secreto de Adaline

Un empiece intrigante invita a sumergirnos en las casi dos horas de metraje, las imágenes son de unos colores vivos pero conservando ese aire apergaminado de los años treinta, con bonitos planos aéreos que convierten a la película en un atractivo visual para el  espectador. Destaca la sofisticación y belleza  de los personajes, con matices glamurosos que barnizan todo el filme, con una protagonista atractiva y seductora encarnada por la bella Blake Lively, una mujer segura de sí misma, con aparente control de todo lo que la rodea y frialdad en el personaje que interpreta  que no es capaz de entregarse de lleno con el temor de dañar.

El secreto de Adeline es un drama romántico de trama pausada donde se notan varios tramos… en la primera parte goza de infinidad de idas y venidas de los recuerdos de su protagonista  que no dejan de torturarla de alguna manera, en la segunda parte del filme se ve una trama lineal que incluso llega a aburrir y en la recta final del metraje se da un giro y se pone muy interesante, engancha en un tímido suspense que su director Lee Toland Krieger potencia para mantenernos sujetos a la butaca. Mientras pasan los fotogramas y nos adentramos, se ve una clara similitud que recuerda muchísimo a El curioso caso de Benjamin Button.

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Lee Toland Krieger nos da un paseo por San Francisco, en una historia que relata como Adaline Bowman de manera fortuita  y accidental consigue no envejecer, aparenta unos treinta años y en realidad tiene más de cien, todo ello lejos de ser algo ventajoso la obliga a huir de un lado para otro para evitar que nadie sepa su gran secreto.

La película peca un poco de empalagosa y con una gran carencia de pasión, es romántica eso sí, llena de sorpresas inesperadas que de alguna manera rompen la monotonía en la que entra a veces. Hay historias dentro de la propia historia como metaliteratura. La película está amenizada por una rica banda sonora, los actores no hacen malabares interpretativos pero tampoco defraudan, sorprende Harrison Ford en un especie de cameo, su personaje no es para alabarle pero si funciona como un pilar importante en el tramo final de la trama. El global  del largometraje cumple con el objetivo y expectativas de entretener y pasar un buen rato que en los veranos siempre se echa de menos.

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