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Crítica de La Visita. Ese aroma a serie B

M. Night Shyamalan gana enteros cuando pierde trascendencia.

La Visita se disfruta por el aroma a serie B que el director ya inició en El Incidente.

Autor llamado a ser el gran genio narrativo del cine americano tras El Sexto Sentido y la memorable El Protegido (su mejor película junto a la injustamente tratada La Joven del Agua), M. Night Shyamalan cayó tras sus primeras obras en un ponzoñoso lago de controversia con la crítica y el mundo que, junto a productos muy discutibles como Airbender y After Earth, parecían ahogar definitivamente su talento.

Crítica de La Visita

Repuntó con la extraña y onírica El Incidente, un ejercicio de fino homenaje en clave seria a la serie B de toda la vida, evidenciada en esa solemne película (sólo aparentemente), en la escena que sucede en el interior de la casa, situada en el tramo final de la narración. Y volvió a la vida dirigiendo un capítulo, el inicial, de la atractiva Wayward Pines, una buena serie que también tenía mucho de narración con deseo de no tomarse demasiado en serio.

Con La Visita, Shyamalan recupera crédito. Y lo hace con un thriller de equívocos, brillantemente planificado (aunque sea a través de la manida herramienta de la grabación casual por un personaje de los acontecimientos), magnífico en su dimensión plástica y que ha sido pergeñado con el humor y la liviandad de ese serie B; de ese cine quizá menospreciado pero que evidenciaba tanto talento e ingenio como las películas aparentemente serias. La serie B da espacio a la locura transitoria, a traspasar el límite de lo verosímil, a chismear con los miedos y esperanzas de los humanos. Puerta abierta al humor (¿o lo que hace la vieja de la película por la noche no tiene un claro componente cómico?).

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Viendo la brillantez de La Visita, debemos llegar a la conclusión que Shyamalan vence cuando deja a un lado esa tendencia natural suya a la trascendencia (la fe en Señales o el conservadurismo en El Bosque) y se muestra más desenfadado, más juguetón.

Cuando Shyamalan deja libertad a su cámara y no la ata a las convenciones del cine serio, triunfa. Y La Visita es eso. Un juego jocoso, simpático, desenfadado de terror, tan intenso y malsano como ingenioso. Con brillantes momentos, buenos actores y un final casi bufo en su escatología y crueldad con sus propias criaturas. Y con un giro divertido de guión, para agradar a los fans del director.

Un buen rato con ese bonito aroma a serie B.

Lo mejor: La siempre brillante capacidad del director de situar la cámara dónde toca

Lo peor: Que no sea tomada en consideración como merece.

Acerca de Juan Pablo Beas

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