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Crítica de Desde que el mundo es mundo

3.6

Crítica de Desde que el mundo es mundo

La película tiene ese tono personal e íntimo a la vez que conciliador…

Una película emotiva y reivindicativa por la labor que desempeñan los agricultores y ganaderos en nuestra sociedad.

Sí pasado el tiempo de un visionado de una película uno puede escribir al respecto de ella, sin tener que volver a verla de nuevo, solo es porque la película ha aportado lo necesario al espectador: haber visto una gran película y sobre todo hacer creado conciencia, pues ello quiere decir que el mensaje se quedó clavado en nuestra retina desde meses atrás.

Este es el caso de Desde que el mundo es mundo que pudimos disfrutar en el pasado Festival de Documenta Madrid y que ahora llega a Cineteca Madrid y que luego pasará a estrenarse en otras provincias, del director Günter Schwaiger quien tiene un gran bagaje en el género documental, y eso se nota pues lo trata con gran mimo y captando la realidad.

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Gonzalo tiene que hacer frente a la crisis como todo el mundo, él es agricultor en un pequeño pueblo de la Ribera del Duero, en el norte de Castilla. Su trabajo también se ha resentido durante todos estos años y ahora lo tradicional en la producción hace que luchar el día a día cada vez sea más duro. El sigue los pasos de su padre, la herencia de unas tierras le hicieron elegir este camino, no sabe si ahora cuando el deje paso a los que le siguen, harán lo mismo. Gonzalo nos cuenta sus alegrías y penas en sus cosechas anuales y todo lo que le influye al respecto así como las costumbres de su pueblo y sus gentes.

Homenaje a la naturaleza y todo lo que le rodea, quien vive de ella y quien la cuida, quien hace de su medio de vida, la agricultura un arte y un permanecer vivo ante las dificultades de las inclemencias del tiempo y todas las vicisitudes burocráticas y sociales para que lo rural se siga manteniendo en pie y las generaciones sigan creyendo en ello como sustento, y como no, como disfrute de vida.

Desde que el mundo es mundo tiene ese tono personal e íntimo a la vez que conciliador con toda la ambientación visual con el espectador, pues sin todo eso que se plasma en el documental cada uno de nosotros no podríamos, ni hoy ni nunca, subsistir, la agricultura y el campo es en sí nuestro soporte diario aunque no lo queramos ver.

Ante todo hay que matizar como Günter Schwaiger ha sabido captar la esencia del protagonista, de Gonzalo, en esas tomas que se abre de corazón a cámara, que deja volar su interior en palabras y son casi como se diría de un canto, pero también por momentos de un lamento, de pensar lo que pierde o gana en cada día con su vivencia en el campo, y todo lo que ello le aporta a su persona.

Esas secuencias son muy íntimas y son todo un brindis a la confianza que director y protagonista se tienen, notándose en su contenido y sobre todo en su mensaje. No creo que haya sido nada fácil para todos los que participan en la película dejarse plasmar en su día a día, tal y como son, incluso en sus enfados, sin disfrazar la verdad, aquí todo rebosa naturalidad y se agradece.

No vamos a dejar de valorar que todo el conjunto es muy bueno, por la historia en sí, como se ha narrado, como se ha captado en cámara, pues la fotografía de Desde que el mundo es mundo es un gran punto a favor, y que unido a la fusión con la música, hacen una película emotiva y reivindicativa por la labor que desempeñan los agricultores y ganaderos en nuestra sociedad.

Acerca de Susana Peral

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