miércoles , noviembre 14 2018
Home / Críticas de cine / Crítica de White God, la lucha por la igualdad del ser vivo

Crítica de White God, la lucha por la igualdad del ser vivo

4

Crítica de White God

White God se encuentra desde este octubre ya disponible en DVD, gracias a Cameo, en todas las tiendas físicas y online disponible en España.

Mostrar la moral del ser humano

Kornél Mundruczó (Hungría, 1975) es un cineasta arraigado en indagar en el doble sentido del ser humano, tanto en sus hechos como en su ser. White God es la quinta película en su filmografía (sin tener en cuenta el proyecto colectivo Perdido y encontrado con otros cineastas europeos sobre la sociedad actual que formaron parte del bloque soviético), considerada para muchos críticos cinematográficos la mejor, porque ahonda en lo que ya intentaba realzar anteriormente.

Pleasant Days (2002) narra la búsqueda de la felicidad de dos hermanos: la salida de la cárcel con el objetivo de encontrar su camino vital y la aprobación de un novio. Johanna (2005) es el experimento de adaptar la historia de la vida de Juana de Arco a la modernidad en la vida de una muchacha que ha sido salvada, inexplicablemente, de un accidente y decide ayudar a los pacientes del hospital en el que sobrevivió.

Crítica de White God Cartel

La doble moral del ser humano comienza a aparecer en su siguiente largometraje Delta (2008) en el que un joven regresa al paisaje del Delta del Danubio junto a una hermana, que no sabía de su existencia. La convivencia en el mismo hogar provocará que los habitantes del lugar no los acepten como a otros. Ya en Semilla de Maldad (2010) narra el mal que contenido en un joven muchacho de aspecto inocente, a causa de la sociedad.

White God, ganadora en la edición de 2014 del Festival de Cannes del premio a Mejor Película en la sección Un Certain Regard, narra como una joven muchacha, Lili, tiene que permanecer durante un tiempo con su padre, debido a que su madre necesita marcharse a otro país por motivo de trabajo. El problema es que la joven trae consigo a Hagen, un perro de raza mixta, su amigo, lo que le llevará a tener problemas con el padre y con el vecindario, provocando el abandono del perro. Este será el desencadenante de la transformación del animal convirtiéndose en un ser depredador por el hombre, desencadenando una revolución.

La calle, símbolo de protesta

Se nos muestra, como en cualquier obra, la diferencia entre espacios en los que se suceden los hechos. Por un lado, el espacio cerrado, reflejado en los hogares, y por otro, el espacio abierto, al que el director incide como el importante. Los hogares (que no debemos entender como aquellos a los que deseamos regresar o en los que nos gustaría pasar una jornada) se muestran fríos o terroríficos; el piso del padre de la protagonista es inhóspito; ella no quiere permanecer dentro de esas paredes; rechaza que su compañero de viaje, Hagen, duerma por obligación en el cuarto de baño, además de la vida rutinaria que el padre sigue dentro de su casa.

Imagen_1_White_God

El otro hogar que se muestra es el terror al que se ve sometido el perro protagonista. Es un hogar sucio, en el que la manipulación del hombre cierne sobre el estado del animal, llegando a convertirlo en un ser diabólico, cuya única misión es matar.

Respecto al espacio abierto, el director nos hace ver en diversos escenarios urbanos la superficialidad del ser humano y más aún, la arrogancia y la miseria (un vagabundo ayuda al perro en un determinado momento, para después venderlo a un traficante de animales), pero también es en este espacio dónde observamos la intención de madurez innecesaria de la protagonista (discotecas) y sobre todo, el comportamiento de los perros abandonados por sus (no) dueños en las calles. Cómo personas sin techos sobreviven en grupo, ya sea buscando comida en plazas, protegiéndose como sombras de los depredadores (los agentes de la perrera) o reflejando que los sentimientos no son una licencia vital adjudicada solo a nosotros (las dulces imágenes del protagonista junto a su amigo canino de aventuras).

Además son las calles, muy en relación a la situación actual, las que se nos muestran como lugares donde reivindicar el derecho a la igualdad, pero llegando a usarse el temor como método de establecerla.

La trata del ser vivo

Durante los últimos años (o si en algún momento no ha habido) vemos con malestar, tristeza e impotencia la multitud de casos que en los reportajes periodísticos sobre la trata del ser humano (más en el caso de la mujer) y como se comercializa con el cuerpo de esas personas. En el film, aborda este tema principal, pero poniendo el enfoque en los perros, como símbolo de revolución por la lucha no solo contra los que carecen de empatía por su igual, sino luchan por la igualdad.

A lo largo de todo el metraje asistimos a dos puntos de vistas; la cámara se mueve (uso en ocasiones de planos subjetivos) entre los dos protagonistas indiscutibles: la joven Lili y el perro Hagen. Lili no es el prototipo de chica corriente que se maquilla antes de salir, cómoda ante sus circunstancias, sino todo lo contrario, ella es fiel a sus ideas y sentimientos: búsqueda incesante de Hagen tras ser abandonado, el amor hacia su padre (a pesar de las adversidades del pasado)…pero Lili se encuentra en la adolescencia, por lo que el director húngaro opta por darle un sentido de búsqueda de madurez a este personaje (escena de la discoteca), enamorándose de un compañero de orquesta, sin embargo este contenido carece de vivacidad en una película donde el tema fundamental es el social (no la pérdida de la infancia).

White_God_Dios_blanco-935058731-large

En los primeros minutos del comienzo del largometraje, ya presenciamos el proceso de  comprobación por expertos (momento que cuesta que miremos la pantalla) de animales para su comercialización en el mercado, dejándonos entrever como es el mecanismo desde que el animal para consumo es sacrificado hasta que llega a los mercados para su venta. Este inicio no es casual para concienciarnos sobre lo que (quienes) comemos, sino la superficialidad del tema central.

¿Qué ocurriría si el ser humano fuera tratado como un perro errante?

La pregunta guarda en sí dos cuestiones relacionadas con el film. No es cuestionarnos solo sobre cómo sería el trato que nos daría los perros al ser humano, es decir, invertir los roles, sino además la discriminación de especies (en el film se contempla el pago por tener perros de razas mixtas en los hogares), debido a la no aceptación de los que son diferentes. La respuesta es que nos transformaríamos en un espejo irreversible de nuestro ser.

El perro protagonista, Hagen, es un animal que otorga el mismo amor que le da Lili, pero que tras caer en varias manos crueles del hombre, su comportamiento empieza a cambiar, debido a que no es amor lo que se le entrega, sino crueldad y él enfatizará de igual manera contra quienes lo atacan a él y a los suyos.

La trata de Hagen es hacernos ver la imagen de un niño con un fusil entre sus brazos en los medios de comunicación por las guerrillas, cuya única esperanza es que alguien vaya a rescatarlos o aguantar físicamente y psicológicamente hasta hallar el momento del escapismo, tal y como podemos ver en la película cuando Hagen aprovecha un apagón de luz y escapa de su opresor del ring de combate tras haber matado a otro perro (pero, desgraciadamente, sabemos que en la realidad pocas veces ocurre esto).

Una vez que hemos creado al monstruo, su único objetivo es hacer desaparecer aquel que le ha dado forma. Este será el principio que seguirá Hagen, una vez consiga reagrupar a sus compañeros para implantar el terror en la vida falaz de los habitantes de la ciudad (aquellos que permiten esto). Por este motivo, varias concatenaciones de muertes se suceden para provocar la revolución (escenas de género notables en el film), cuyo final es hallar el principio de todo.

Como bien dice el proverbio popular “la música amansa las fieras”. Es en esta en la que se halla la paz y, sobre todo, si procede del amor, mayor es la encontrada. Lili es la única que no olvidó a Hagen, a su compañero y amigo al que le tocaba la trompeta para dormirle, para así olvidar las pesadillas imaginadas y reales.

Durmamos unidos al son de la música

En White God (muy acertada la traducción en España como ‘Dios Blanco’) al ser una obra europea no cabe grandes frases simbólicas que recordemos en nuestra memoria, ni una fotografía emblemática o una banda sonora que nos recuerde escenas (una pena), pero sí esconde los hechos y la cercanía como obra de cine social a la literatura, como es el caso de 1984 de George Orwell.

En la obra del periodista y escritor hay una denuncia mordaz contra el sistema mecanizado que hace que las personas obedezcan a un Hermano Mayor sin preguntarse el motivo por el que actúan, pero respecto al film la semejanza es la revolución que se aborda, una que prosigue en obras del cómic (muy bien adaptadas al cine) como V de Vendetta de Alan Moore, cuyos final es apoteósico, derrumbando uno de los lugares simbólicos del Estado, se implanta un cambio de libertad en la vida de los ciudadanos.

Kornél Mundruczó decide poner un broche final de reflexión. “Dejémosle más tiempo” le responde el padre de Lili a su compañero de trabajo cuando este le pregunta si llamar a la policía al contemplar a cientos de perros tumbados bajo la escucha de la melodía que toca la valiente Lili. Como se da en multitud de ocasiones, no hay que otorgar una respuesta a un problema como el planteado en la película, debido a que no hay existencia de ella en la vida real y/o por el peligro de malinterpretación que se podría dar en el caso de mostrar una.

Imagen_3_White_God

Por este motivo, contemplamos en el fotograma final una gran cantidad de perros, víctimas de la ignorancia y crueldad de la sociedad, tumbados tras escuchar una sencilla melodía de trompeta, tocado con honestidad, para después ser entregada igual a ellos (Lili y su padre se tumban en el suelo frente a los perros), para así dar una reconciliación entre la raza humana y los animales (una bella estampa), abandonando la violencia y entregándonos a la tierra (o Tierra).

“Todo lo que sea terrible necesita de nuestro amor” con esta frase, perteneciente a la obra Las elegías de Duino (Visor Libros) del autor checo Rainer Maria Rilka, comienza en negro White God dejando al espectador reflexionar sobre a quiénes diariamente alimentamos con nuestros hechos y, que a pesar de la culpabilidad de que hayamos formado o creado una criatura de destrucción y de terror, la solución al final del túnel es entregarle nuestro amor (cada uno libre de interpretarlo).

White God se encuentra desde este octubre ya disponible en DVD, gracias a Cameo, en todas las tiendas físicas y online disponible en España.

Acerca de Manuel Soriano García

Mira esto

Crítica de La noche de Halloween. Duelo a muerte en Haddonfield

Las franquicias suelen ir degradándose poco a poco con las sucesivas continuaciones. El respeto por …

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.