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Crítica de Deuda de Honor

Dos protagonistas antagónicos y dispares que se necesitan en una road movie enmarcada en un western.

No es la primera vez que Tommy Lee Jones se pone detrás de una cámara a dirigir ya lo hizo hace unos años con Los tres entierros de Melquíades Estrada, ahora nos brinda un western Deuda de honor, donde profundiza mucho en el género femenino en cierta forma enfrentado con el masculino pero a distintas escalas.

Crítica de Deuda de Honor

Nebraska, 1855. Mary Bee Cuddy (Hilary Swank), es una mujer soltera que vive en un pueblo pequeño del Medio Oeste, es elegida para que tres mujeres vuelven con sus familias tras haber perdido la razón. Cuando va comenzar su viaje salva a Briggs (Tommy Lee Jones), de ser ahorcado y por ello le pide que le acompañe en éste su largo viajes a través del desierto, pues tiene que llegar hasta Iowa, pues seguro que se tendrá enfrentar a muchos peligros en este viaje.

La integridad humana está en juicio en todo momento, valorándose a los límites que nos lleva en la vida y como lo necesita y utiliza cada uno en su día a día. Es un juicio de valores para equilibrar la balanza no del bien y el mal, pero si más bien de la conciencia y sus entresijos.

El desarrollo y como se van añadiendo los personajes a la trama es puntilloso, dando detalles minuciosos de cada intimidad de ellos, pero al mismo tiempo escondiendo muchos anhelos que se irán desgranando en esta road movie enmarcada en un western particular pues profundiza en el alma y debilidades de los protagonistas.

Dos protagonistas antagónicos y dispares que se necesitan y congenian por necesidad a la perfección, aquí en Deuda de honor la cámara les quiere, les atrapa en cada mirada áspera y distante. Son personajes herméticos, con vidas cerradas que necesitan abrirse pero no saben ni cómo ni el porqué.

Dibuja a distintos perfiles de mujeres en el film, a las independientes como es la protagonista, pero que al final siempre dependerá de un hombre si quiere ser feliz o intentarlo, a las sumisas, como son todas ellas que están bajo el mando de un hombre y no tienen ni voz ni voto, y aquellas que están al mismo nivel que el hombre, las menos.

Por eso al hombre le muestra en cierta forma como el ser superior que tiene la capacidad de dar órdenes sin que el resto rechiste, y además puede humillar a las mujeres, pero choca que luego la persona que defienda a las mujeres sea ese hombre que parezca prepotente, sin escrúpulos y que sólo mira por él. Por tanto estamos ante la figura de nada es lo que parece, y las falsas apariencias sociales.

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Una de las partes que más impacta es la marginación por parte de la sociedad en cuanto a las enfermedades mentales y sus estigmatizaciones. Aquí en Deuda de honor queda latente que nadie quiere a su lado a nadie enfermo, sobre todo de este calibre, que parece que estará marcado para siempre, sin indagar las razones ni las posibles curas, mejor cortar por lo sano.

Tommy Lee Jones y Hilary Swank no tienen ninguno un papel fácil, evolucionan lentamente pues son personajes cerrados, que se muestran con cicatrices pero poco a poco se van desnudando a cámara y al contrario y en ese desarrollo nos regalan ambos una estupenda interpretación.

 

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