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Crítica de En el sótano

Vuelve a ofrecernos otra visión nada halagüeña de aquellos que, a pesar de vivir en la sociedad del bienestar, no parecen llevar una existencia plena.

Ulrich Seidl nos ha mostrado a través de su filmografía el lado oscuro de la condición humana. Así queda patente en cintas como Días de perro, Import/Export o la trilogía Paraíso, conformada por los largometrajes Amor, Fe y Esperanza.

Crítica de En el sótano

En todos ellos, el realizador austríaco nos sumerge en las más bajas pasiones y las mezquindades de sus personajes de una manera áspera y cruda, donde el plano fijo de larga duración es el gran protagonista de la función. Lo hace sin juzgar aquello que plasma en imágenes y dejando al espectador la tarea de interpretar lo que ve en pantalla. En muchas ocasiones, estos largometrajes de ficción recuerdan a los filmes documentales, campo donde el cineasta se curtió como director.

En el sótano supone el regreso de Seidl al género con el que cosechó elogios gracias a títulos como Good News: Von Kolporteuren, toten Hunden und anderen Wienern, retrato de los repartidores de periódicos en Viena; Animal Love, un filme sobre el amor a los animales en un mundo cada vez más regido por la tecnología, y Models, una mirada incisiva acerca del universo de las modelos.

El título de la película alude tanto al lugar donde cada uno de los participantes realiza sus atípicas prácticas como al carácter subterráneo y casi oculto de estos peculiares hobbies.

El largometraje se adentra en las zonas más bajas de diferentes viviendas donde un grupo de gente corriente da rienda suelta a su pasión por la época nazi, las armas, los muñecos bebé o el sadomasoquismo. El director prescinde de un narrador para enseñarnos que se cuece en estos lugares ocultos. Por el contrario, prefiere mostrarnos lo que ocurre allí y dar voz a algunos de sus protagonistas que explican a cámara por qué se sienten atraídos hacia este tipo de experiencias. En más de un caso, el realizador los inmoviliza por un momento para crear unas extrañas composiciones que recuerdan a las naturalezas muertas, aunque aquí las figuras sean humanos.

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Como ocurre en gran parte de los filmes que le han dado fama, Seidl no juzga a los individuos que retrata, aunque sus imágenes exuden una mezcla de sensaciones donde se dan cita el desconcierto, el rechazo, el asco y la compasión por unos seres a los que se intuye una vida pública muy poco satisfactoria. A este respecto, resultan muy reveladoras las imágenes del aburrido trabajo de un hombre orondo que disfruta siendo el esclavo de una dominatriz.

En resumen, En el sótano vuelve a ofrecernos otra visión nada halagüeña de aquellos que, a pesar de vivir en la sociedad del bienestar, no parecen llevar una existencia plena. Por otra parte, la cinta deja también al descubierto una de las debilidades del austríaco: un ritmo demasiado contemplativo que puede acabar con la paciencia de los cinéfilos menos pacientes y de los aficionados al cine más comercial.

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