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Crítica de La Gran Apuesta

Basada en un libro homónimo escrito por Michael Lewis, la película mezcla con fluidez elementos de comedia negra y drama.

Sorprende que Adam McKay, uno de los principales exponentes de la comedia americana más gamberra, sea el firmante de La gran apuesta, un filme que sigue los pasos de aquellos que vaticinaron la crisis financiera de 2008.

Basada en un libro homónimo escrito por Michael Lewis, la película mezcla con fluidez elementos de comedia negra y drama para ofrecernos un largometraje que denuncia la responsabilidad de los bancos y las agencias de calificación en el debacle económico que comenzó a finales de la primera década del siglo XXI y cuyas consecuencias todavía seguimos sufriendo en el segundo decenio del milenio.

Crítica de La Gran Apuesta

El largometraje entrecruza las historias de aquellos que supieron atisbar el desastre y, en muchos casos, incluso llegaron a sacar provecho de ella apostando precisamente contra aquellos productos financieros que habían propiciado la creación de una artificiosa prosperidad e iban a ser los responsables de su destrucción.

La Gran Apuesta deja patente la ceguera de una sociedad demasiado preocupada en disfrutar de una riqueza que tenía los pies de barro y unos organismos reguladores que no supieron o no quisieron predecir el desastre que se avecinaba. No obstante, los grandes villanos del filme son las entidades financieras y todos aquellos que se lucraron a costa de la gente normal que se endeudaba con sus hipotecas y compraban productos bancarios de alto riesgo sin saber demasiado qué estaban haciendo realmente. Curiosamente, la mayoría de los artífices de la hecatombe salieron relativamente indemnes de la situación, como muy bien muestra McKay, y fueron las clases bajas y medias las que acabaron pagando los platos rotos.

Sin embargo, gran parte de los protagonistas de La gran apuesta distan de ser unos héroes inmaculados. Algunos de ellos no dudaron en lucrarse con el desastre y otros intentaron tímidamente denunciar la situación que desembocaría en una crisis, aunque no contaron con el apoyo de los periodistas influyentes, que parecían poco dispuestos a fastidiar la gran fiesta que los países desarrollados vivían en los primeros años del siglo.

Quizá el gran hándicap de la propuesta sea la jerga financiera que puede dificultar la comprensión de algunos instantes. Es cierto, no obstante, que la cinta se detiene a explicar ciertos términos de manera sencilla y divertida al público no familiarizado con el vocabulario económico.

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Pese al exceso de tecnicismos, La gran apuesta es una más que notable película que se beneficia de una dinámica puesta en escena y un acertado montaje. A todo ello hay que añadir un estupendo y amplio reparto, donde destacan Christian Bale, en el papel de un tipo que fue el primero en advertir la crisis, y un espléndido Steve Carell, que da vida a un hombre con principios morales que trabaja en el mundillo financiero, aunque cuestione la ética de la mayoría de las personas que se mueven en él.

En resumen, el filme dirigido por McKay se convierte en uno de los largometrajes esenciales para entender la crisis que se inició en 2008, junto con Margin Call, que mostraba el debacle desde un banco de inversión, y el documental Inside Job.

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