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Crítica de Pesadillas

Crítica de Pesadillas

Ron Letterman consigue imprimir un endiablado ritmo al conjunto y saca partido de los elementos de comedia del guion.

Pesadillas es una de esas películas que parece orgullosa de su condición de pastiche en el que confluyen ideas de otros largometrajes.

La influencia más obvia sería Jumanji, clásico infantil dirigido por Joe Johnston en 1995, donde dos chavales liberaban involuntariamente del interior de un extraño juego de mesa a un grupo de animales exóticos que sembraban el caos en una pequeña ciudad estadounidense. En esta ocasión, los guionistas Carl Ellsworth, Darren Lemke y Larry Karaszewski han sustituido las bestias de la selva de aquella pequeña joya por los monstruos salidos de las obras del escritor por R. L. Stine, uno de los autores de literatura juvenil más famosos de las últimas décadas.

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Por otra parte, el filme toma prestado algunas ideas de libros y cintas donde el creador de ficción y sus criaturas parecen convivir juntas en un mismo plano de realidad. En este sentido, se emparentaría con filmes tan originales como Más extraño que la ficción y Ruby Sparks o novelas como Lunar Park, escrita por el estadounidense Brett Easton Ellis, o Niebla, que firmó el español Miguel de Unamuno.

No obstante, la amalgama de influencias y referentes no acaba aquí. En cierta manera, su particular forma de reunir a personajes más o menos clásicos de la literatura y el cine de terror recordaría lejanamente a las reuniones de monstruos de los estudios Universal, la desastrosa Van Helsing y, especialmente, a la simpática Una pandilla alucinante, clásico de culto firmado por Fred Dekker.

Su carácter de Frankenstein cinematográfico queda subrayado aún más por tratarse de un largometraje que reúne en una misma producción a gran parte de las creaciones del citado R. L. Stine, un autor que se ha encargado de reformular y adaptar al público juvenil algunos de los personajes habituales del género fantástico.

Precisamente la condición de amalgama de influencias acaba siendo el talón de Aquiles de Pesadillas. Todo parece ya visto y oído en multitud de ocasiones. Por otra parte, el largometraje resulta algo mecánico al convertirse en una sucesión de enfrentamientos del chaval protagonista, el propio Stine y su hija con los diferentes monstruos a los que tienen que hacer frente para evitar la destrucción de la población en la que viven.  También hay que reprocharle al filme que las creaciones por ordenador de las diferentes criaturas no resulten todo lo logradas que debieran. No obstante, el realizador Ron Letterman, responsable de Los viajes de Gulliver y uno de los firmantes de Monstruos contra Alienígenas, consigue imprimir un endiablado ritmo al conjunto y sabe sacar partido de los elementos de comedia del guion. Además logra dirigir con cierta soltura a todo su reparto, donde destaca un adecuadamente histriónico Jack Black, en el papel del escritor de narraciones escalofriantes.

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En definitiva, Pesadillas da lo que pretende: un agradable entretenimiento que divertirá a los adolescentes y a todos aquellos padres que quieran volver a la pubertad durante una hora y tres cuartos.

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