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Crítica de Luces de París

Parece ser que el director francés Marc Fitoussi se decanta por la comedia, género que ha utilizado en sus cuatro películas incluso en Luces de París.

Aunque también en incluye toques dramáticos en sus también guiones de hecho en éste su último, es el único en el que reparte trabajo a la hora de escribir junto con Sylvie Dauvillier.

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Brigitte y Xavier son un matrimonio que viven en Normandía y se dedican a la ganadería. Él es un hombre muy sensato, que vive meramente para su casa y su trabajo, y ella, al contrario, es muy soñadora y a veces la imaginación le juega malas pasadas. Ahora que ya están solos, que su hijo que no está, Brigitte, nota el paso de los años de su matrimonio y de la rutina, y un acontecimiento de un cumpleaños le hará planear un viaje a París.

Es la segunda vez que el director cuenta con la actriz Isabelle Huppert, y otro detonante en sus films es que siempre sus protagonistas son femeninas, todo gira en torno al mundo de la mujer y sus vidas.

Por este matiz, por el hecho de que la mujer sea el eje principal, centrándose en la figura femenina y que todo gire en torno a ella y sus acontecimientos, también es posible que Luces de París guste más a ese mismo público a que al masculino. El cine no entiende de géneros, pero bien es verdad, que empastar y empatizar con el público es lo primero para encarrilar la cinta a buen puerto.

Luces de París en sí es sobria y fría, dotada en cierta forma de poco magnetismo pues así lo requiere la temática, el director ha logrado que el espectador no llegue a conectar con ninguno de los personajes ni para bien ni para mal, que no se decante por ninguno de ello, y eso lo ha logrado con la lineal interpretación de Isabelle Huppert, que encara un personaje hermético de la misma forma, hacia el interior sin exteriorizar absolutamente nada, y dejando al espectador que interprete todo, pero cuidado que esto puede ser un arma de doble filo, pudiendo en cierta forma no gustar a muchos.

Eso sí, plantear que Luces de París es una mera comedia para mí es mucho decir, el trasfondo es mucho más consistente de lo que a priori puede parecer, y esconde más de lo natural y vital que la propia vida acontece cada día, y ello no está exento de lo bueno y lo malo, así que hay de todo un poco para compensar. Pero podríamos decir que la ironía es lo que más impera en el guion y la libre lectura del espectador, aunque en verdad un poco más de ritmo en ciertos momentos no hubiera estado mal.

Aunque todo pueda estar planteado desde una cierta ligereza, los pasos que se siguen en el guion están muy medidos y la trama es como una madeja que se deshila muy lentamente hasta acabar en la aguja adecuada, cada parte en su sitio.

 

 

 

 

Acerca de Susana Peral

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