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Crítica de Nuestra hermana pequeña

Hirokazu Kore-eda es uno de esos directores que le gusta dibujar con la palabra y lo visual el interior del ser humano pero sobre todo a través y por medio de la familia.

En Nuestra hermana pequeña utiliza ese lazo para enfrentarse a la vida y a la muerte, por partes iguales, y a lo que ello desencadena.

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Sachi, Yoshino y Chika, son tres hermanas que comparten casa familiar en la ciudad de Kamakira. Hace 15 años que no ven a su padre, y ahora tienen que acudir a su entierro, y en ese momento tan doloroso conocerán a la más pequeña de la familia, su hermanastra Suzu. En tan solo un día se encariñaran con ella y le ofrecen que vaya a vivir con ella, así comenzará una nueva etapas de sus vidas, donde los descubrimientos serán diarios y la madurez llegará para las cuatro.

Nuestra hermana pequeña esconde grandes matices a debatir sobre la culpa y la responsabilidad en la persona con respecto al contrario dentro del ámbito familiar y extrapolado a todo su entorno, pero sobre todo encarnado en lo que podríamos llamar los responsables familiares o los cabeza de familia.

Pero aquí en cierta forma estos sentimientos, tan contrapuestos y a la vez tan unidos, también se ven repercutidos en la persona más frágil y más pequeña de la descendencia. Nunca se sabe cuándo las obligaciones van a llegar o la culpa puede acechar por la vida que a cada uno le toca vivir, y lo que los demás les hagan sentir.

Aunque uno pueda pensar que la convivencia de los cuatro personajes principales de Nuestra hermana pequeña pueda ser un pequeño cuento hadas, todo lo contrario, Hirokazu Kore-eda ha utilizado su gran maestría componiendo un thriller emocional dentro de cada una de las protagonistas. Entra y sale del interior de cada una desgranando sus sentimientos e interioridades para sacar sus emociones a flote y ponernos en bandeja la parte más humana de cada una de ellas, con sus defectos y virtudes, haciendo balance interior y recapacitando sobre sus vidas.

Es un guion meticuloso, cuidado, delicado, sutil y empastado por la música que incluso incluye esos pequeños toques de thriller que enseguida pasan a rozar lo emocional en su melodía y congeniando a la perfección con la cámara que busca la naturaleza de los paisajes que rodea a las vidas de las jóvenes protagonistas.

Lo que más resalta en todo momento es la humanidad y bondad con que está tratado todo el contexto, un relato que fascina por su sencillez pero al mismo tiempo por su gran ternura tanto escénica como narrativa.

Aunque pudiéramos pensar que Hirokazu Kore-eda nos muestra su cultura en sí, aquí en Nuestra hermana pequeña, destacando mucho más lo emocional y el interior de las personas, el director japonés ha creado su obra más universal, pues aunque bien es verdad que dota visualmente las escenas de su cocina, de sus estancias clásicas, lo que realmente sobresale es el trasfondo reflexivo y nostálgico del interior de la responsabilidad humana y de la culpa trascendental por los actos propios y de los demás.

Acerca de Susana Peral

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