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Crítica de Objetivo: Londres. Una cinta excesiva que pretende emular el espíritu de los largometrajes de acción de los 80

Una cinta excesiva que puede aburrir a los que pidan a una película algo más que una sucesión de tiros, explosiones y luchas cuerpo a cuerpo.

Crítica de Objetivo: Londres

Crítica de Objetivo: Londres

Objetivo: La Casa Blanca fue saludada por los nostálgicos del cine de acción de los años ochenta como una sucesora de aquellos productos de género que triunfaron en taquilla hace tres décadas. La película, que nos contaba cómo un ex guardaespaldas del presidente se enfrentaba a unos temibles terroristas que habían tomado el Capitolio, tenía el aroma de las primeras entregas de La jungla de cristal combinado con el nacionalismo rancio del que hacían gala algunas cintas protagonizadas por Chuck Norris para la añorada compañía Cannon. No obstante, pese a los desvaríos ideológicos, lograba erigirse como un entretenido pasatiempo gracias al buen hacer del director Antoine Fuqua, responsable de interesantes thrillers como Training Day (Día de entrenamiento) o Los amos de Brooklyn.

Objetivo: Londres repite más o menos la fórmula, aunque trasladando el escenario a la ciudad inglesa.

El funeral del primer ministro de Gran Bretaña, fallecido de manera inesperada, reunirá a los principales mandatarios del mundo, entre los que se encuentra Estados Unidos, en la gran metrópoli. Allí estará, protegiendo al jefe de estado norteamericano, Mike Banning, al que vuelve a encarnar un convincente Gerard Butler. Como era de esperar, los terroristas también harán su aparición.

Sin embargo, a pesar de encontrarnos con un producto con casi los mismos elementos que su precedente, el resultado es inferior. Babak Najafi, realizador conocido especialmente por su participación en la serie de televisión Banshee o Snabba Cash II, fracasa al otorgar tensión al conjunto. Es cierto que en una primera parte, la más pirotécnica, el filme resulta sumamente entretenido, pero en su segunda mitad pierde algo de fuelle hasta provocar el aburrimiento. Tampoco los efectos visuales parecen demasiado trabajados y algunos de los roles, especialmente los que encarnan Melissa Leo y Robert Forster, pierden bastante protagonismo en esta secuela. De igual manera, se echa de menos que los guionistas no hayan sido capaces de crear ni una frase memorable y divertida, como sí ocurría en la mayoría de los productos que protagonizaron Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger en sus mejores tiempos. Lo más curioso quizá sea que el presidente de Estados Unidos, al que vuelve a dar vida un correcto Aaron Eckhart, se convierte casi en una suerte de héroe de acción, como ocurriera en Air Force One y Asalto al poder.

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En resumen, Objetivo: Londres es una cinta excesiva y un tanto aturdidora que puede aburrir a todos los que le pidan a una película algo más que una sucesión de tiros, explosiones y luchas cuerpo a cuerpo. Por otra parte, su discurso claramente patriotero provocará el rechazo de aquellos que no sintonicen con su sermón ideológico. Quizá lo más recomendable sea verla como una mero filme de género que pretende emular el espíritu de los largometrajes de acción que llenaban los estantes de los hoy casi desaparecidos videoclubes.

Crítica de Objetivo: Londres de Julio Vallejo.

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