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Crítica de Efraín, de Yared Zeleke

Un retrato del país (Etiopía), de una manera emotiva y tierna pero nada melodramática.

No son demasiadas las propuestas etíopes que nos llegan, Efraín de la mano de Yared Zeleke es una de ellas, viniendo avalada por haber pasado por la sección Un Certain Regard del pasado Festival de Cannes.

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Efraín después de morir su madre, le queda solo la compañía de su padre y su único amigo, un pequeño cordero, que es el único recuerdo que le queda de su progenitora. La vida es muy dura en su aldea, y por eso su padre se tiene que marchar a buscar trabajo y le deja con su tía abuela y con sus tíos y primos. El pequeño intenta adaptarse a su nueva vida y allí intenta ayudar como buenamente puede saber, cocinando empanadillas samosas, para venderlas en el mercado así ayudará su familia y el intentará buscarse otro futuro. Allí junto a los suyos cree que no puede estar, ya que su tío quiere sacrificar al cordero debido al hambre que pasan, y es cuando Efraín tendrá que poner en la balanza la palabra amistad y familia.

Efraín puede ser disfrutable por muchas cosas, por su continente y por su contenido, por su estética y por lo que esconde, detrás de esas montañas y de sus personajes, todo intrínseco en una realidad distante a la nuestra, pero equidistante en nuestra razón y corazón, hay entrañas de las que se parte, y esta película nace de las raíces del ser, de la cultura y de la base del hombre.

Historia de superación de adaptación al medio, sobre todo al emocional, ya que el ambiental ya era conocido por el protagonista, aunque por momentos parezca hasta distinto incluso en su mismo mestizaje.

Sobria en palabra, efectiva en imágenes y sentimientos que trasmite con mucha sensibilidad la cara de toda la familia, cada uno en su papel, en su aporte y en metamorfosis natural al devenir de la vida y las situaciones.

Hace poco tuvimos en Cartelera de Cine una película que se pasó en muchos colegios a muchos niños, Camino a la escuela, y sería positivo que Efraín fuera otro ejemplo cinematográfico para muchos, para plasmar en pantalla la lucha que otros pequeños tienen diariamente para sobrevivir psíquicamente y físicamente en países que distan tanto de éste el nuestro tan desarrollado.

Yared Zeleke ha impregnado la película de una belleza natural que se percibe en cada fotograma, todo lo sientes real, como si de un documental se tratase, de hecho el tono del genero se hace notar en todo el metraje, pero uno sale de esa compostura cuando la historia de ficción se recrea en nuestras mentes, aunque hay gran poso de verdad en esa media mentida inventada convertida en guion.

Parece que Zeleke pasa de puntillas por la parte cultural y racial de su país, Etiopía, pero no hay que equivocarse, con el guion que el mismo ha creado ha diseñado una estructura perfecta para matizar cada parte importante a describir: a las personas, a sus paisajes, su economía, sus costumbres y sobre todo sus apegos y anhelos, todo lo va desvelando poco a poco, como si cada mensaje se tratase de una clase, de una reflexión implícita en sus textos, que son pocos pero directos.

3.5

Crítica de Efraín

2015: Festival de Cannes: Selección oficial (Un Certain Regard)

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