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Crítica de Dos buenos tipos

Un perfecto entretenimiento que rezuma la esencia del mejor cine comercial de los añorados ochenta.

El nombre del cineasta  Shane Black es casi un sinónimo de películas de colegas, también conocidas como buddy movies. Al fin y al cabo, él fue uno de los creadores de Arma Letal, que contaba las aventuras de una pareja de policías de diferente raza, y elementos de este subgénero cinematográfico aparecen en cintas donde firma el librero, especialmente en El último Boy Scout o El último gran héroe, se encarga de las dirección, como Iron Man 3 y el filme de culto Kiss Kiss, Bang Bang.

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Dos buenos tipos es una nueva muestra del gusto de Black por los thrillers protagonizados por dúos de hombres donde la acción se da la mano con la comedia. En esta ocasión, el escritor de Memoria letal y Una pandilla alucinante nos traslada a Los Ángeles de hace cuatro décadas. Allí dos tipos investigan la desaparición de una joven. Sus averiguaciones les llevarán a pensar que el caso está relacionado con el asesinato de una estrella del porno y que podría salpicar a las altas esferas del poder.

La elección de una época y un lugar, el Hollywood desinhibido de los setenta, no es baladí. El largometraje utiliza los elementos de un tiempo salvaje donde el sexo y las drogas  bullían en cada rincón para otorgar al filme una atmósfera sucia, presente incluso en la contaminada atmósfera de la ciudad

En medio de este particular decorado aparecen dos individuos con evidentes diferencias que acabarán entablando amistad. Black no  teme caer en el tópico. El matón con problemas de agresividad y el investigador traumatizado por la muerte de su esposa podrían aparecer en cualquier  thriller. Por otra parte, el uso de la voz en off remite de manera inequívoca al cine negro de los cuarenta y cincuenta.

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Todo ello no evita que estemos ante una cinta repleta de todos y cada uno de los signos de distinción que han convertido a Black en un cineasta personal y dueño de una particular universo. Así nos encontramos con los diálogos llenos de ingenio marca de la casa, situaciones absurdas, un desprecio casi absoluto por la verosimilitud y la habitual propensión del guionista a incluir elementos navideños. El resultado es una película que funciona más por acumulación de momentos divertidos que como un conjunto equilibrado. Parece como si Black sacrificara en cierta manera la coherencia de la trama para ofrecernos un puñado de gags donde el humor y la acción se dan la mano.

En resumen de nuestra crítica, Dos buenos tipos es un perfecto entretenimiento que, pese a estar ambientada en los setenta, rezuma la esencia del mejor cine comercial de los añorados ochenta. Un espíritu lúdico al que contribuye la estupenda pareja formada por Russell Crowe, creíble como matón rudo y agresivo, y un espléndido Ryan Gosling, tierno y divertido en el papel de un detective en horas bajas que no ha podido superar la muerte de su esposa.

Una crítica de Julio Vallejo.

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