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Crítica de Nunca apagues la luz

Sucesión de sustos con trama de telefilme de sobremesa.

El director sueco David F. Sandberg lograba en 2013 un gran éxito de YouTube y Vimeo gracias a Lights Out, un cortometraje de apenas tres minutos. El filme, que logró más de veinte millones de visionados en las dos populares webs de vídeos, tenía una trama muy simple: una mujer cree ver a una extraña figura cada vez que apaga la luz. La pequeña película dejaba patente el talento del realizador para crear un cierto suspense terrorífico utilizando un tema recurrente en el género: el miedo a la oscuridad.

Crítica de Nunca apagues la luz

Tres años después, aquella sencilla idea articula un largometraje con estrellas de Hollywood. La habilidad del cineasta para asustar a los espectadores sigue intacta, aunque quizá también deje en entredicho su capacidad como narrador.

Nunca apagues la luz triunfa en los momentos más efectistas, aquellos que pretenden erizar el pelo de la audiencia, pero hace aguas en casi todo lo demás. La culpa es de un guion que sustenta la sucesión de momentos escalofriantes en una trama melodramática propia del peor telefilme de sobremesa.

El libreto mezcla sin demasiada profundidad e imaginación traumas infantiles y relaciones familiares tormentosas con las siempre socorridas alusiones a los manicomios.

Hay también una evidente huella de un clásico reciente del género como Babadook, otra historia de terror con madre inestable mentalmente, aunque aquel célebre largometraje australiano tuviera unos personajes más complejos, una trama más elaborada y una atmósfera enrarecida de la que carece el trabajo de David F. Sandberg.

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En el aspecto interpretativo destaca sin brillar la interpretación de Teresa Palmer, que resulta creíble como esa chica gótica que se enfrenta a los terrores que acosan a su pequeño hermanastro y a su madre. Todo lo contrario puede decirse de una terrible y sobreactuada Maria Bello, que utiliza todo tipo de tics para dar vida a una progenitora atormentada por un hecho que marcó su adolescencia.

En definitiva, Nunca apagues la luz es una película de usar y tirar que cumple con su objetivo como producto destinado a sobresaltar al espectador, pero lo hace sustentándose en una trama que provoca más de una risa involuntaria.

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