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Crítica de “Silencio”, de Martin Scorsese

“Silencio” de Scorsese posee la mano de su creador, cautivadora, grande e inmensa en su retrato y magistral en su visibilidad.

Crítica de “Silencio”

Pero como todo en esta vida tiene sus peros ya que no hay que rendirse, en su totalidad, ante la maestría de la mano del director, pues siempre habrá algo mejorable al ojo de cada uno.

Guion adaptado por parte de Jay Cocks y  Martin Scorsese de la novela del escritor japonés Shusaku Endo, que ya fue llevada a la gran pantalla por Masahiro Shinoda en 1971.

Tráiler de "Silencio" de Martin Scorsese

Corre la segunda mitad del siglo XVII en Japón y los cristianos están sufriendo la represión y la inquisición en sus propias carnes. El Padre Sebastiao Rodrigues y el Padre Francisco Garrpe, dos jesuitas, viajarán a tierras japonesas en busca de su mentor, que se encuentra desaparecido en manos de los japoneses. Ahora ellos mismos pasarán el mismo calvario que han pasado compañeros suyos, y no les quedará otra que poner a prueba su fe.

“Silencio” de Scorsese tiene ese recorrido emocional y visual que se compactan a la perfección. Descripciones y retratos de situaciones con gran elegancia, aunque a veces se recreen en la crueldad. Paisajes de ensueño, nada de cartón piedra, todo natural, algo que se nota en cada escena, y que realza tanto la belleza como la crudeza de lo expuesto.

Aunque todo está muy bien situado, representado y planteado, hay que reconocer que todo cobra mayor sentido cuando la voz en off del personaje del Padre Sebastiao está presente, las emociones aumentan, se enfatiza todo y se nota todo mucho más natural y cercano.

Posee un cierto toque poético en cada frase, que envuelve al espectador en una atmósfera totalmente épica sonora que junto al tándem visual resulta mágico.

Pero no todo son halagos, también se tiene que exponer que el metraje en sí, extenso, posee tramos un tanto repetitivos y que se podrían haber obviado, sobre todo porque no aporta mucho más en concepto, otra cosa muy distinta es visualmente e interpretativamente, nada que objetar al respecto.

Martin Scorsese recrea la visión de los extremos de las religiones, de los paradigmas de la fe y conceptos particulares de la vida. No hay ambigüedad en lo dibujado, el director marca bien su línea, simplemente queda a la libre interpretación del espectador el desenlace en sí, concepto que da una mayor vitalidad para que cada uno dibuje su final particular.

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159 minutos a los que hay que estar muy atentos, diálogos y narraciones que esconden mucho más de lo que aparentan, frases que habrá que unir a lo largo de los minutos y escenas que cierran una frase, un concepto o una simple reflexión.

La metáfora es algo que ha utilizado Scorsese con gran sigilo, datos de lo sucedido extrapolado a la perfección en un homenaje que el director hace durante toda la cinta, a los pasos de “La pasión de Cristo”, con frases, con secuencias e incluso con tallas.

Andrew Garfield que posee la mayor carga visual y narrativa en la película, desarrolla su papel con gran sencillez y empatía, dotando a su personaje de credibilidad y de ese toque de humanidad que necesita su papel.

Una crítica de Susana Peral Herranz.

 

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