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Crítica de Doña Clara. Cine para grandes minorías

Puntuación:

Una gran interpretación de Sonia Braga que todavía conserva esa belleza y frescura de antaño, una banda sonora cuidada y una bonita luz hacen de este trabajo algo a tener en cuenta. Cine para grandes minorías.

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Brasil irrumpe en las carteleras de cine con este trabajo de la mano de Kleber Mendonça Filho crítico de cine que se embarca en su segundo trabajo.

Todos tenemos un precio, resistirse  solo es cuestión de tiempo, cuando ves a tu alrededor que todo el mundo vende. Pero qué hay de esos que no tienen un precio y cuando creen que algo no es justo no se dejan llevar por mayorías, la tendencia natural es dejarnos arrastrar por la corriente que en ese momento nos aborda.

En España hemos sido testigos de excepción de como se iban vendiendo nuestras casas y uno no quería ser el último, incluso como se han comprado casas con inquilinos, comprado hogares para echarlos abajo y construir edificios, averiguando así el precio que cada uno tenemos en ese afán de ganar dinero rápido y más o menos fácil del que se han aprovechado los más fuertes.

Brasil irrumpe en las carteleras de cine (seguro que no en las mayoritarias) con este trabajo de la mano de Kleber Mendonça Filho crítico de cine que se embarca en su segundo trabajo, Doña Clara aquí en España, en Brasil con el título de Aquarius (El nombre del edificio donde vive la protagonista).

Doña Clara es una mujer de más de sesenta y cinco años que vivía tranquila en su apacible apartamento frente a la costa de Recife hasta que una constructora compra todos los apartamentos de su edificio, Doña Clara interpretado por la veterana actriz brasileña Sonia Braga se resiste a vender lo que ha sido toda una vida para ella y eso provoca una guerra sucia y fría por parte de la constructora que tiene en juego mucho dinero.

Estamos ante un drama de corte social, pausado y lineal y porque no decirlo de narración clásica, que va increchendo de manera paulatina, adentrando al espectador en una trama correcta sin demasiados adornos.

En este filme hay mucho de nostalgia, Doña Clara en todo momento recuerda lo que ha compartido bajo ese techo, todos los momentos felices y tristes que han respirado sus paredes y que ahora los especuladores con ansia de codicia le quieren arrebatar. También hay mucho de soledad y Kleber lo ha reflejado logrando trasmitir esa sensación con éxito, éxito porque es capaz de hacer que el espectador vea en Doña Clara una mujer fuerte, tolerante y muy segura de si misma, pero en muchas ocasiones vulnerable, buscando quizás en esa lucha que ella abandera del “No me moverán” una excusa para  salir de esa soledad que muchas veces la aplasta.

Destaca el lado crítico que el director imprime sobre una realidad social que ahora está pegando en su país y del que nosotros los Españoles también sabemos mucho (la especulación).

También nos habla de otras muchas cosas delicadas como;  De las secuelas que para una mujer puede dejar el  cáncer de mama, o el sexo en la tercera edad. Todo el conjunto de este trabajo que Kleber nos ofrece he decir que me parece valiente y arriesgado, y quizás sea ese punto el que haga a esta película elegante y muy comprometida con los problemas que castigan a la sociedad.

Una gran interpretación de Sonia Braga que todavía conserva esa belleza y frescura de antaño, interpretativamente muy asentada y con ese aire de diva que no desentona, ni defrauda. Una banda sonora cuidada y una bonita luz hacen de este trabajo algo a tener en cuenta. Cine para grandes minorías.

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