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Crítica de Despido procedente. Comedia improcedente

Puntuación:

Despido procedente se podría incluir dentro del subgénero del cine sobre el empleo en tiempos revueltos, aunque Lucas Figueroa, autor de la vilipendiada película de terror Viral y de cortos como Boletos por favor o el premiadísimo Hay cosas que no se olvidan, decide decantarse por una extraña mezcla de acción y comedia que no acaba de funcionar.

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Indigesta mezcla de acción y comedia donde solamente se salvan las interpretaciones de Imanol Arias y Darío Grandinetti.

El mundo laboral actual es un campo de batalla donde vale casi todo para conservar el puesto y quitarse de encima al compañero. Glengarry Glen Rose, drama de James Foley basado en una obra de teatro de David Mamet, se convirtió en todo un referente a la hora de reflejar hasta qué punto llegan algunos empleados por evitar el despido y todo lo que conlleva.

Crítica de Despido procedente

Por otro lado,  El método, película de Marcelo Piñeyro inspirada también por una producción para las tablas escrita por Jordi Galceran, mostraba la otra cara de la moneda: la de aquellos que son capaces de cualquier estratagema por conseguir una plaza de ejecutivo en una gran compañía.

Despido procedente se podría incluir dentro del subgénero del cine sobre el empleo en tiempos revueltos, aunque Lucas Figueroa, autor de la vilipendiada película de terror Viral y de cortos como Boletos por favor o el premiadísimo Hay cosas que no se olvidan, decide decantarse por una extraña mezcla de acción y comedia que no acaba de funcionar. La trama sigue los pasos de un maduro ejecutivo español al que la vida le sonríe hasta que su empresa decide hacer recortes y se equivoca al indicar una dirección a un individuo que le pregunta por la calle. A partir de ese momento, la existencia de este tipo, afincado en Buenos Aires, se convertirá en un absoluto infierno.

La película se basa casi exclusivamente en la relación entre el agobiado protagonista, encarnado por un acertado Imanol Arias, y el hombre argentino que le culpa por haber llegado tarde a una entrevista de trabajo, interpretado por un irónico Darío Grandinetti. Figueroa convierte gran parte de la cinta en una sucesión demasiado mecánica e inverosímil de malas pasadas entre los dos. No obstante, la cinta no consigue que las jugarretas vayan más allá de la apagada astracanada.

A ello hay que añadir la escasa fortuna a la hora de incluir chistes sobre las diferencias culturales entre Argentina y España, la sucesión de giros finales que pretenden sorprender y solamente logran confundir, y la escasa entidad del personaje de joven ejecutivo agresivo y ligón al que da vida Hugo Silva.

En definitiva, . Co que las trampas y las sorpresas son hatajos fáciles que, en muchas ocasiones, dejan al descubierto la falta de entidad de aquello que se cuenta.

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