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Crítica de Valérian y la ciudad de los mil planetas. Alucinada ópera espacial

Puntuación:

Valérian y la ciudad de los mil planetas es un ejemplo perfecto de las virtudes y los defectos de su realizador. El filme triunfa en la plasmación de un mundo alucinado y colorista, que recuerda en no pocas ocasiones al creado por su autor para El quinto elemento...

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Irregular largometraje de ciencia-ficción que triunfa cuando asume sin complejos su condición de divertimento y fracasa cuando adopta un tono transcendente y new age.

Las aventuras de Valérian: agente espaciotemporal, aparecidas por primera vez en la revista Pilote en 1967, se convirtieron en un hito del cómic fantástico francés. Su influencia se percibe incluso en la saga Star Wars, que parece tomar gran parte de su imaginería y el humor que preside la relación amorosa entre los personajes de Han Solo y la princesa Leia.

Al ver Valérian y la ciudad de los mil planetas, la adaptación que Luc Besson ha realizado de las viñetas ideadas por el guionista Pierre Christin y el dibujante Jean-Claude Mézières, el espectador que no conozca el original puede tener la sensación de encontrarse ante una versión loca de la más famosa creación de George Lucas. Una impresión que se refuerza si tenemos en cuenta la tendencia al pastiche del responsable de su versión cinematográfica. No obstante, en esta ocasión, hay que remarcar más si cabe que el tebeo galo contenía muchos de los ingredientes que aparecían en la saga estadounidense, un verdadero cóctel de referentes bien mezclados y servidos con forma de space opera para todos los públicos.

Obviando el asunto de si fue antes el huevo o la gallina, Valérian y la ciudad de los mil planetas es un ejemplo perfecto de las virtudes y los defectos de su realizador. El filme triunfa en la plasmación de un mundo alucinado y colorista, que recuerda en no pocas ocasiones al creado por su autor para El quinto elemento, y deja patente la habilidad del firmante de Nikita, dura de matar para ofrecer entretenimientos con sano espíritu de serie B, diálogos repletos de humor desenfadado y acción a raudales. Sin embargo, la película también evidencia el caos que reina en muchos guiones del francés y la tendencia a la pretenciosidad de su director. De esta manera, triunfa cuando muestra la tensión sexual entre los dos agentes protagonistas o apuesta por las batallas, pero fracasa rotundamente cuando se centra en los habitantes de un mundo desaparecido, instantes en los que abraza la estética y el tono new age de Avatar.

El resultado es una obra excesiva, irregular y demasiado estirada donde las risas y los momentos más soporíferos se alternan sin mucho orden ni concierto. Destaca, eso sí, su cuidado aspecto visual y el trabajo interpretativo de Cara Delevingne, que pone de manifiesto sus aptitudes para la comedia como esa heroína intergaláctica que mantiene una particular relación con su compañero de trabajo, encarnado por un inexpresivo Dane DeHaan.

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