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Crítica de Detroit. Atrapados en las redes de la intolerancia

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Kathryn Bigelow resulta una cineasta comprometida con la ruda y cruda realidad que marca la sociedad. Su cine ha ido mejorando con el paso de los años...

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No siempre todas las miradas y guiones plasman la realidad de la misma forma y verosimilitud.

Kathryn Bigelow relata en Detroit unos hechos de la historia estadounidense con gran pulcritud y serenidad, con un guion que va paulatinamente atrapando al espectador en las redes de la intolerancia y de la frivolidad del ser humano en la creencia de una supuesta hegemonía.

Julio de 1967, en Detroit, estado de Michigan, todos quieren vivir en libertad, pero las redadas hacen mella en los bares nocturnos, en los ambientes musicales y en cualquier lugar donde se quiera disfrutar con los amigos. La policía realiza detenciones indiscriminadamente, utilizando en la gran mayoría de los casos la violencia.

La película pudiera pecar de exceso de metraje, de hacernos una introducción extensa, decantándose por la exposición de los hechos en un falso documental con la realidad y verdad como gran baza, hasta dejarnos inmersos entre cuatro paredes con la trama concreta relatada con pulcritud y meticulosidad.

Por ello Detroit va desde menos a más en una gran dimensión absorbiendo la atención del espectador, creando una atmosfera emotiva y cruel, lamentablemente, en todo momento y nadie queda inmune al fondo de la verdad que cuenta la directora con gran detalle.

Aunque los hechos que se relatan son los del 67 se comparan con los del 43, uno pensaría que se encuentra muchos años atrás, cuando parte de la sociedad, en general, diferenciaba por el color de la piel a las personas, buscando la supremacía y el poder en otras.

Puede que en la actualidad no estemos tan alejados de parte de lo que se expone en Detroit y que todo vuelve a ser actualidad, lamentablemente, por ello la película viene a darnos una lección de historia mundial, que pertenece a un país en concreto, pero se puede hacer extensible a cualquier otro, y también de sector y segmento de la sociedad, no solo el racial, y que nos debe hacer reflexionar al respecto.

La directora ha utilizado la cámara en búsqueda de los momentos y los gestos que más impresionan en primeros planos, en tonos oscuros, creando una ambientación acorde a la temática y al sentimiento de parte de los protagonistas, el horror enfrentado a la necesidad de la normalidad como baza de vida para lograr sus sueños.

Kathryn Bigelow resulta una cineasta comprometida con la ruda y cruda realidad que marca la sociedad. Su cine ha ido mejorando con el paso de los años consolidándose como una gran observadora que retrata la historia con verisimilitud y objetividad.

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