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Muces 2017. Crónica del día 1, a 120 pulsaciones por minuto

En el primer día hemos de Muces 2017 podido disfrutar de 120 pulsaciones por minuto de Robin Campillo.

Una cinta desbordante que te embarca en una viaje donde la mirada está puesta en la marginación, la discriminación, la intolerancia y el poder económico por encima de las persona.

Pudiéramos pensar que aunque la temática es de décadas atrás el tema esté ya superado, pero aunque hoy en día se pueda hablar, o debiera hablar de todo abiertamente, bien es verdad que los tabúes siguen latentes en nuestra sociedad, y la evolución no es tanta como parece, esta nota la tienen en común las tres películas finalistas en los Premios Lux, y ésta era una de ellas.

Corren los años 90 y un grupo de jóvenes son activistas para crear conciencia sobre el SIDA. Nathan es nuevo en las asambleas, y se queda sorprendido y prendado de Sean, por su rotundidad en sus palabras y su mirada, se deja la piel en sus ideas y lucha. Película seleccionada por Francia para los Óscar y gran Premio del Jurado de Cannes.

120 pulsaciones, 140 minutos que se pasan en un suspiro, con un comienzo arrollador, que desborda vitalidad y coraje por parte del conjunto actoral, dando paso a tener que enfrentarse a la realidad a la crudeza de la temática, de esas personas que sufren en sus propias carnes la enfermedad en sí y también reflejar como lo viven quienes les rodean.

Un puñetazo en la mesa a las farmacéuticas y sus protocolos de actuación, de estudios y de jerarquía para sacar adelante su producto sin pensar en las personas. Aquí además de reivindicar la lucha de unas personas, buscan el plasmar la burocracia y negocio existente detrás de un problema médico.

120 pulsaciones, es dura, profunda, sincera, tratada con humanidad y con verdad, incluyendo la parte positiva de su lucha, el coraje y la valentía de decir a los cuatro vientos quiénes son y qué padecen sin mirarse el ombligo.

No deja de lado las discrepancias que pueden surgir entre personas que tienen el mismo problema, distintos puntos de vista, tolerancia y ver cómo el poder cambia a las personas, aunque solo sea ejerciendo la palabra. Una historia de amor y de amistad, dónde aparecen tabúes y clichés establecidos por la sociedad.

Unas grandes actuaciones que van acompañadas de unos diálogos minuciosos desnudando a los personajes en muchas ocasiones, en otras dejando pequeñas notas para el global del desarrollo del guion, todo ello acompañado de una gran banda sonora.

Hacia la luz de Naomi Kawase

No menos importancia es Hacia la luz de Naomi Kawase, directora que se está haciendo asidua de nuestras carteleras y festivales. Una película aunque se desmarca en parte de sus trabajos anteriores, mantiene esas raíces que busca en su mensaje y metáforas dentro de su guion. En esta ocasión la producción de la cinta

Misako es una guionista de películas para invidentes, su vida corre entre su trabajo y su propia ceguera ante la propia vida, sus miedos y sus fantasmas personales. Cuando se encuentra en una proyección, y mientras unos invidentes les dan su opinión hacia su trabajo, Masaya, no es tan condescendiente con ella, si no que critica su trabajo y su mundo se hace tambalear. Masaya no es totalmente ciego, ve un poco, y es fotógrafo, con el tiempo ella conocerá sus fotografías le entenderá un poco más y hará que vuelva a su pasado. Con el tiempo ambos, juntos, verán el mundo de otra manera.

La directora japonesa incide en buscar la nostalgia y melancolía en cada uno de los personajes, pero aquí en Hacia la luz, introduciendo una historia de amor, además de hacer un guiño de homenaje al cine en particular, al centrar sus protagonistas principales en este ambiente.

Al mismo tiempo ese hecho de homenaje se hace con el debate que se crea en secuencias de las diferentes interpretaciones que surgen, dando pie a que cada espectador pueda medir y calibrar una película dependiendo del momento, del instante de visionado y su estado de ánimo.

Busca las emociones en las miradas, en las frases, nada queda sin interpretar ya sea con voz o con imagen, sobre todo esta parte utilizando la metáfora, y recreándose en ella, llevando al espectador a cada plano, a buscar el significado de cada instante, de la razón de por qué vuelve a introducirnos en cada tiempo y lugar.

Casi todo el metraje de la protagonista cuando le incorpora musicalidad es a base de piano, remarcando por ello la nostalgia. En las ocasiones que el estado de ánimo varía incorpora otros instrumentos y el ímpetu que se le quiere dar.

La cámara, aquí en Hacia la luz, es un vigilante y proyector de luz en cada uno de los personajes, les da más o menos intensidad dependiendo de cómo vayan los acontecimientos, y ahí es donde la directora japonesa rebosa ternura, busca la humanidad y melancolía de la vida, y como no, abordando la muerte como en trabajos anteriores, pero aquí con mucho más sutilidad, porque no trata meramente la muerte física, busca la emocional y sus consecuencias.

Spoor de Agnieszka Holland

Uno de las características de Muces es la variedad, hay de todos los géneros, la otra propuesta que ha tenido lugar en el día de hoy es Spoor proveniente de Polonia, que aunque a priori se decanta por un drama con algún toque de humor, negro, el thriller es lo que va cobrando vida a medida que pasan los minutos.

Agnieszka Holland busca en los bajos pensamientos de los protagonistas, pone cara y voz a la conciencia, y quien no la tiene también, incidiendo en la justicia en todo momento, eso hasta casi cuando está terminando la película, porque en los minutos finales, llega el gran giro inesperado, que cambia la historia que nos narra, o la que el espectador se ha creado en su mente.

Janina Duszejko pasa sus días en su casa con sus animales, además le gusta dar clases en un colegio. Su vida es tranquila hasta que un buen día sus perros aparecen muertos y al poco tiempo también ocurren otros crímenes que creen ser en serie. Su teoría es que son asesinados por animales salvajes, que están viendo lo que ellos hacen, ya que las personas fallecidas son cazadores furtivos.

Lo que me sorprendió a los pocos minutos de comenzar a ver la película es que me recordara a Érase una vez en Anatolia. Es verdad que en ambas cintas hay asesinatos y que hay un recorrido en busca del o de los culpables, pero tienen tonalidades diferentes. Spoor es oscura visualmente, la propuesta turca era más limpia en imágenes remarcando más los parajes, algo que era significativo en su conjunto.

Ambas tratan la corrupción dentro de los estamentos de poder, cada una con más o menos importante pero lo hacen reflejar, y ahí es donde está la unión de ambas, en buscar la parte turbia y recóndita de cada protagonista. Ambas en ciertos momentos tienen ese roce del road movie en búsqueda de un culpable.

Spoor ya había pasado por el Festival de Cine de Valladolid – Seminci, consiguiendo el Premio al Mejor actriz (ex aequo) para su protagonista Mandat-Grabka.

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